Cuando me abrí este blog, me prometí a mí misma que escribiría como si nadie me leyera. He redactado tanto para y por los demás y he estado tanto tiempo sin teclear una línea, que hasta que no surgió Calladita no me he dado cuenta de la gran necesidad que tenía de no guardar las formas, de expresarme de lo que me diera la gana, independientemente de si agradaba o no; si se entendía o no, si tenía relevancia, coherencia, actualidad… o no, y hoy escribo para liberarme de la vergüenza, porque tengo que tengo tanta que no me deja ni respirar.
Paso por alto el tijeretazo y los recortes a Sanidad y a Educación, que las ha dejado hecha unas zorras. Y me disculpo, pero es que se han convertido en lo más expuesto, en lo más tirado, las están dejando en bolas. Veo las manifestaciones que sacuden a mi ciudad y me llenan de pena. No he ido a ninguna: no estoy ni en el lugar ni en el momento adecuado; pero aun así creo que mejor es reflexionar antes que desgañitarse en la calle después. Nacho empleaba la canción “Life vest under your seat” para explicar cierta enajenación colectiva que ha desembocado en esta situación. Creo que no andaba desencaminado. Ha sido eso y el desencanto de la gente lo que ha motivado meterse hasta el cuello en esta marea azul que lo engulle y lo tritura todo en aras de la economía.
Abro el País y me encuentro con Elvira –otra vez, ¡otra vez!-y habla en su vez en su columna de lo que ha motivado a su vez este texto: Gallardón suspende la ley de plazos. Por tanto, se vuelve a la minoría de edad de las mujeres, a depender de decisiones ajenas, a mentir. Sigo leyendo, y me encuentro con el ministro de Educación con unas declaraciones en letra pequeña que parece que nadie más ha recogido: “De 0 a 3 años no hablamos de Educación, hablamos de conciliación”. Que se apañen las mujeres, (porque así sigue siendo, y en parte por nuestra culpa). Qué poco respeto, qué poca sensibilidad hacia nosotras y hacia los críos. Me muero, me muero de la vergüenza. Tercera noticia en el mismo periódico en dos páginas de diferencia: “Educación para la Ciudadanía se centrará en aspectos institucionales de manera que se suprimirá todo aquel contenido que no tenga que ver con la Constitución, laUniónEurpeoa blablablablaxjiugiuigueie” Aspectos vitales como todo el mundo sabe para la vida cotidiana de un chaval. Lo que equivale a que dentro de bien poco me cargo las relaciones interpersonales y humanas que era lo que yo trabajaba en esta asignatura, y que hasta la fecha veía que tan bien funcionaba. O los distintos modelos de familia, o la educación emocional…-¡Ay, que me acerco a un punto calentito! Aquí está, lo pongo en mayúsculas-o al SEXO , ¿no? Siempre se me olvida cuanta sexofobia hay en este país, y cuan conservadora es, joder, joder, cuando con una buena educación emocional se acababan tantísimos problemas.
Acaba mi lectura y casi al final del viaje en Euromed me encuentro con Gabriel Celaya, que no sé si sabía de sexo o de política; pero sí de educación y de hacer el gilipollas. También sabía de ser coherente, por respeto a los demás pero sobre todo por respeto a uno mismo. Creo que esta sociedad, este sistema, o encuentra su Norte como Celaya, o acabará enfermo como él. El ingeniero que escribía versos decía:
“Pero en este proyecto (TENTATIVAS), por abierto que se pretendiera, había algo falso. Como había algo falso en mi trabajo de ingeniero sin vocación, y en mi postiza vida de burgués, y en mi actividad de escritor que no publicaba. Y contra este malestar, que yo trataba de domeñar con fórmulas intelectuales y voluntades goethianas de orden y acomodación, mi cuerpo dijo su palabra. Y caí enfermo, como a los doce años, sin que nadie supiera explicar cuál era mi enfermedad. Evidentemente, era de origen psíquico, aunque no lo pareciera. Pero eso no me salvó de tres meses de cama, con fiebre (siempre la fiebre) y de un derrumbamiento que daba por definitivo”
Y
 |
Fundación Gabriel Celaya. Foto Alberto Schommer. |
“Repitámoslo. Recémoslo: Nadie es nadie. Busquemos nuestra salvación en la obra común. Pesemos nuestra responsabilidad. Sintamos cómo al replegarnos sobre nosotros mismos nuestra inanidad nos angustia, y cómo al entregarnos, al ser para los otros, al ser en los otros y al participar a compás en la edificación general del futuro, el corazón se nos ensancha, el pulso nos trabaja, la vida canta y somos por fin, a todo voltaje, hombres enteros y verdaderos. Salvémonos así, aquí, ahora mismo, en la acción que nos conjunta. No seamos poetas que aullan como perros solitarios en la noche del crimen. Carguemos con el fardo y echémonos animosamente a los caminos matinales que ilumina la esperanza."
Vuelve Celaya, a cerrarles la boca a Gallardón y al tonto del ministro. Goytisolo también lo haría requetebién.
¿Qué pasaría si los poetas fueran políticos? ¿Y al reves? Ay, no, al revés no. Que el azul se transformará en gris plomo.