jueves, 17 de noviembre de 2016

Gemelo

Otro textito que nace a partir de la patada y el impulso que da Literautas a los que necesitamos escribir como el aire; pero no encontramos el tiempo, la motivación, la inspiración o tienes ante ti cualquier otra barrera que no dejar fluir el texto. En la propuesta de noviembre debíamos empezar con la frase: "Dicen que todos tenemos un doble..." y la dificultad adicional era que tenía que estar escrito desde la perspectiva del antagonista. 
Gracias al Café de Charo por dejarme la conexión de wifi. Llego tarde a la guardia del patio.

Dicen que todos tenemos un doble en alguna parte; es una fantasía bastante recurrente, al igual que tener un gemelo o volar. Manuel tiene todas ellas, supongo que porque desconoce mi  inexistencia. Digo sin exagerar que me emociono por sus alegrías porque las suyas son también las mías.  Me desespero con sus fracasos y siento su dolor atravesando mi cuerpo de manera instantánea. Disfruto de sus dieciséis gloriosos años; de sus besos y su libertad. Le acompaño en las noches oscuras e intento deslumbrarle con un guiño especial si hay cielo estrellado. Canturreo bajito para acompañarle cuando la casa está demasiado silenciosa y le encuentro calderilla en lugares insospechados si necesita una moneda.  A veces temo que pregunte de más: soy el escalofrío de quien siente sin ver y la sombra tenue tras el espejo.  Soy la presencia constante, la explicación a su obsesión prematura por Mark Twain o Philip K. Dick.
¿Todos sueñan con tener un gemelo o un doble? En realidad, no. Mi madre nunca tuvo ese anhelo.

Manuel lo vive todo por mí porque yo jamás pude hacerlo.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Literautas (Ya no soy la misma)

Literautas es muchas cosas: un proyecto editorial, una web de escritores y lectores, un recurso inagotable de material creativo pero es, fundamentalmente, una sorpresa constante. Entre las muchas iniciativas que tienen en marcha, han creado un taller en el que a partir de dos palabras debes crear un texto de 750 palabras, como máximo.
"Ya no soy la misma" fue el primer relato corto que escribí para ellos siguiendo las claves "museo" y "arena". Si además querías participar en el reto opcional (o póngase usted a rizar el rizo) tenías que incluir asimismo los términos "loro", "tormenta" y "cartero". 

Ahora, Literautas publica en papel y en versión digital una antología de los mejores relatos de este curso, en el que también podrás encontrar este cuento (y yo, evidentemente, estoy tan feliz que rompo las costuras). Los beneficios de la edición impresa van dirigidos íntegramente a la ONG Educación sin Fronteras. 
Más información en su web www.literautas.com

YA NO SOY LA MISMA


A primera hora me sorprendió la tormenta. La lluvia cayó torrencial empapándome a mí, al cartero con quien me choqué maldiciendo, a los vecinos y a los turistas que vieron cómo el aguacero inesperado les arrancaba repentinamente de la arena y de las esterillas. Crucé la calle y corrí a resguardarme en los soportales del museo local que, sin duda a aquellas horas, albergaban a más personas que las salas interiores.
Estoy seguro que jamás me habría fijado si no hubiera sido por aquella camiseta de inspiración tropical que llevaba. Los papagayos, los loros y los flamencos del estampado destacaban entre el gentío. Estaba igual, igual, igual, con una hermosura que dolía, pero con una diferencia en su persona que provocaba el desgarro. Aquello no era una herida reabierta; sino la confirmación lúcida y plena (ahora sí) de que jamás habría esperanza para el regreso. Hacía ya tres años que no nos veíamos.
Intenté zafarme pero me cogió del brazo mientras tiraba de su acompañante. Me sentí morir.
-Intenté decírtelo, pero ni yo misma sabía cómo. Siento que te hayas enterado así- dijo a bocajarro-
 -No tienes que darme explicaciones, Paula.
-Lo sé. Ahora soy Pau.


viernes, 22 de julio de 2016

Muerto pero mío

Este es el último micro de esta racha negra. Lo he recuperado de un pen drive antiguo y me ha entrado la risa al redescubrirlo. Lo tenía totalmente olvidado. 

-Muerto pero mío, -sollozó la viuda llorosa acariciando el anillo de boda-.
-Muerto pero mío, -gimió la amante bruñendo el diamante del brazalete-.
-Muerto, pero mío, -susurró el primogénito estrujando el documento que daba fe de la acaudalada herencia. 
-¡¡¡Muerto pero nuestro!!!-gritaron miles de vocecitas extasiadas. Presas de un incontenible frenesí se mesaban las patitas dispuestas a abalanzarse sobre el festín. 

lunes, 18 de julio de 2016

Cómo ha podido hacerme esto


Recupero esta idea, este proyecto de algo más extenso que tenía sintetizado en sólo cinco líneas. En la primera versión la culpa y el arrepentimiento por lo hecho impregnaba el microrrelato. Me he desprendido de ellas ya que no conducían a ningún lado. El texto también se titulaba de otra forma.  
Me desperté con un sabor metálico en la boca. Un zumbido atroz me destrozaba los tímpanos y me martilleaba las sienes. Sabía que tenía que dejar de beber de esa manera o acabaría matándome. Intenté incorporarme mareado y traté de levantarme de la cama trastabillando. Tropecé con la botella de ginebra, que rodó debajo de la cama, y en ese momento el timbrazo del teléfono pareció sacudir la habitación entera.
Lo dejé sonar, entre otras cosas, porque era incapaz de articular palabra. Y sin embargo, allí escuchando el teléfono, comenzó a invadirme una sensación extraña: al principio, fue sólo una ligera inquietud. Pero luego, casi instantáneamente, se transformó en una oleada de pánico que sacudió mi cuerpo y me impulsaba a la acción. Sentí que tenía algo importante que acabar, que mi vida entera dependía de un hilo que no veía.
 Descolgué el auricular como primera medida para hacer algo.
-Manuel, hombrepordios, pero ¿¿dónde te habías metido?? ¡Llevo intentando localizarte desde hace horas! ¿Qué has hecho con el móvil? He recordado en último minuto tu teléfono de casa…-la urgencia y la excitación le hacían casi ininteligible-.
-Pero ¿qué hora es?-intenté concentrarme-
-¡Las que sean! Escucha, Manuel, esto es importante: ¡no se presentó a la boda! ¿Oyes? La dejó plantada, el muy cerdo.
Y en ese momento recordé. Como un fogonazo SABÍA qué había de hacer. Efectivamente, era urgente e inmediato.

Le oía rascar levemente la puerta del baño con la única uña que le quedaba. 

jueves, 9 de junio de 2016

Cuentos como canicas


Cuando entre espagueti y espagueti le expliqué a mi padre qué estaba escribiendo, me dijo que tengo tendencia a escribir “canicas”: relatos más bien duros, de coloración cambiante, densos (mucha información en pocas rayas), redondos y con una trayectoria inesperada. Me reí como una loca porque creo que la definición es bastante acertada, al menos si tomo “La placidez de la vida burguesa”, el segundo que escribo para Literautas. El reto de este mes era la obligatoriedad de comenzar con la frase “El anciano encontró la llave en…”. Y, como reto opcional, planteaban que el texto se estructurase en torno a un único personaje.
Me aturullé por las prisas, no lo dejé reposar, me he pillado una repetición y les he enviado solo la primera versión. Todavía no entiendo cómo no lo cambié porque era relativamente fácil, aunque es cierto que me gustaba la idea de acabar con un diálogo para agilizar la lectura y conducirla hacia el final.
Sea como fuera, ahora sí dejo las dos versiones.

LA PLACIDEZ DE LA VIDA BURGUESA

1
El anciano encontró la llave en el pasillo de entrada y la guardó en el batín. Se le había caído al salir al jardín. Sonrió satisfecho mientras se dirigía al espacioso comedor y miró por el ventanal: podía estar orgulloso de su vida. Había seguido los pasos de su padre  en la empresa familiar, con ciertas reticencias al principio. Se había casado con la mujer que también él le había marcado, y que le había dado 4 niños obedientes y disciplinados (menos el pequeño). El suyo había sido un matrimonio fácil: Piluca se había encargado de todas las cuestiones domésticas, de la educación de los críos y, tal como le habían inculcado, había mirado hacia otro lado cuando se había encaprichado de otras mujeres. Ahora disfrutaba de un retiro cómodo, cultivando hortensias y orquídeas en el patio trasero.
Su familia al completo vendría en unas horas para disfrutar del domingo. Quería saber cómo le había ido al mayor, Jacobo, con las últimas negociaciones de los proveedores. Últimamente, los mareos habían hecho que desatendiese la marcha del negocio. Se arrellanó en su sofá favorito. Daría una cabezada antes de arreglarse.
 En ese momento sintió en el brazo un pinchazo molesto y el dolor le sacudió del amodorramiento. Ya no estaba en su casa.
­­-Vuelva en sí, Ventura-dijo un joven en bata blanca-¿Recuerda dónde se encuentra? Tiene pérdidas de memoria y ensoñaciones…Le estoy poniendo un medicamento intravenoso. ¿Le he hecho daño?
-¿Y mi mujer?-preguntó angustiado-¿Y mis hijos?
-Ventura, cuando ingresó nos dijo que la pintura había sido su único gran amor. Sebastián ha ido a por un café.  Le ha dejado también las rosas.
-Gracias a Dios. Había tenido una pesadilla espantosa…¡Me había convertido en mi padre!

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2
El anciano encontró la llave en el pasillo de entrada y la guardó en el batín. Se le había caído al salir al jardín. Sonrió satisfecho mientras se dirigía al espacioso comedor y miró por el ventanal: podía estar orgulloso de su vida. Había seguido los pasos de su padre  en la empresa familiar, con ciertas reticencias al principio. Se había casado con la mujer que también él le había marcado, y que le había dado 4 niños obedientes y disciplinados (menos el pequeño). El suyo había sido un matrimonio fácil: Piluca se había encargado de todas las cuestiones domésticas, de la educación de los críos y, tal como le habían inculcado, había mirado hacia otro lado cuando se había encaprichado de otras mujeres. Ahora disfrutaba de un retiro cómodo, cultivando hortensias y orquídeas en el patio trasero.
Su familia al completo vendría en unas horas para disfrutar del domingo. Quería saber cómo le había ido al mayor, Jacobo, con las últimas negociaciones de los proveedores. Últimamente, los mareos habían hecho que desatendiese la marcha del negocio. Se arrellanó en su sofá favorito. Daría una cabezada antes de arreglarse.
 En ese momento sintió en el brazo un pinchazo molesto y el dolor le sacudió del amodorramiento. Ya no estaba en su casa.
Una bata blanca se alejaba dejándole un gotero en el brazo. Ahora recordaba donde se encontraba: llevaba una semana ingresado por pérdidas de memoria y ensoñaciones. El medicamento intravenoso le había despertado de uno de estos episodios.
-¿Y mi mujer? ¿Y mis hijos?-murmuró para sí-.
Al girar la cabeza vio las rosas frescas con la tarjeta: “Recupérate pronto, amor, el estudio de dibujo y yo te necesitamos. Sebastián”

-¡¡Gracias a Dios!!- resopló-¡¡Pensaba que me había convertido en mi padre!!”.

martes, 7 de junio de 2016

No te detengas

Walter (Walt) Whitman (1819-1892), padre de la poesía norteamericana, polémico y librepensador. Algunos dicen que este poema no lo escribió él, sino que es un suma y sigue del guión de la película "El Club de los poetas muertos". De hecho, la figura y la voz del profesor Keating se basa en frases, versos y pensamientos que sí pronunció el poeta. Así que, me da igual si fue antes el huevo o la gallina. Con su permiso, Mister Whitman, me lo pienso beber a sorbos este verano.
No permitas que la vida te pase sin vivirla. 

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
Whitman en Boston, hacia 1860.
Cortesía Whitman Archives.
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabas y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores;
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros:
los “poetas vivos”.

No permitas que la vida te pase sin vivirla.

jueves, 14 de abril de 2016

Ahora que me voy (4 locales que no puedes perderte en Reus)




Ahora que me voy; ahora que estoy en el descuento, no me marcho de Reus sin recomendar cuatro locales que me han salvado de muchas horas vacías, de lluvias improvisadas, de tiempos muertos de espera. Estos espacios y las personas que los trabajan, me han reconfortado por dentro y por fuera porque, más que simples sitios donde tomarte una caña, son lugares donde recuperarte, descansar, corregir, hablar con uno mismo o con los encargados, ponerse al día, achisparte o nada de esto y todo a la vez. Lo mejor es que los encuentras en pleno centro histórico en una distancia entre ellos que no supera los 50 metros.
La Simona es un lugar para ver caer la tarde.

1 La Simona (Plaça de Peixateries Velles)
Encantador, coqueto, recogido. Este local está regentado por un grupo de 6 amigas que se han encontrado en este espacio  provinientes de sectores bien dispares. Quizás por eso lo están haciendo tan bien. Tiene unos ventanales fantásticos a la Plaza de les Peixateries Velles, mi lugar favorito de esta ciudad. Diré por ejemplo que su carta ha conseguido que vuelva a hacer cremas en invierno.  Mientras esperas, puedes echar una ojeada a los libros que dan calorcito a las paredes. Tienen una muy buena música de fondo (jazz, bossa, clásica) y mi hija devora las galletas que realizan con avena y chocolate. Por docenas me las he llevado para el desayuno del día siguiente y nunca jamás sobreviven a las nueve de la noche. Tienen también un rincocito de arte y juguetes. Como están situados en plena plaza peatonal, puede ser una buena elección para padres con ganas de "cafetear", merendar, tomarse una caña o dos...

2 L’Àbsis (c/ de la Mar, 3)
La dinamizadora y viajera entrada de "L'Àbsis".
 Como no podía ser de otra manera, "L'Àbsis" toma el nombre del ábside de la Iglesia de Sant Pere, situado justo frente a la puerta de entrada. ¡Las veces que he ido a este local con Lucía a contarnos la vida y a arreglar el mundo! Los profesores con horario tardío agradecemos su horario amplio de cocina (no cierran hasta las 16 horas) y su carta en la que incluyen abundantes menús para celíacos. Siempre tienen guardado un rincón para el arte y mientras esperas resulta casi imposible aburrirte observando pinturas, mosaicos o fotografías. La primera vez que llegué allí me sorpendió el mapamundi que tienen pintado en la entrada. Al contemplarlo siempre le dan a una ganas de viajar, de volar, de dejarse arrastrar por el siroco.

3 El Call (c/ de l'Hospital, 7)
Interior íntimo y acogedor de "El Call".
Entré allí de casualidad, también conducida por la energía de Lucía y por su mundo interior. Por la noche, el Call se convierte era un local de copas y mantiene en su aspecto exterior e interior esa atmósfera de nocturnidad con una barra divertida en la que reinan las bebidas de colores. Sin embargo, al mediodía resulta muy tranquilo, con un ambiente pausado que propicia la conversación  alrededor de una suculenta carta de tapas en las que recomiendo, recomiendo y vuelvo a recomendar el brie con brie y las minihamburguesas con mostaza. El Call hizo que indagase un poco en la historia de este barrio porque toma el nombre de la vieja judería medieval; de la cual, apenas si quedan vestigios. El nombre de la travesía “El carreró dels jueus” (a tan sólo 15 metros)  recuerda que efectivamente allí respiraba el pueblo de Yahvé. 

4  La Presó (c/ La presó, s/n)

Las rejas forman parte de la decoración de este local.
La Presó fue el primer local de Reus que visité y lo dejo para el final porque a él van ligados recuerdos muy especiales. Tiene una muy buena terraza si al comensal le acaba agobiando el ambiente sombrío del interior o simplemente prefiere disfrutar de la zona comercial en la que se integra. Es sombrío de acuerdo con la inspiración histórica de este bar/restaurante: "Presó" de "prisión" (mantiene la figura de dos alguaciles en el exterior que flanquean la carta de menús). Dice la tradición que allí se ubicaba la antigua cárcel de la ciudad que recogía a los reos llegados de Tarragona. De hecho, éste parece ser uno de los posibles orígenes del nombre de la localidad. 


Vayas al que vayas: sonríe, disfruta...y da recuerdos.