La maternidad te cambia, te transforma. Y no hablo de la falta de tiempo o de sueño, de la responsabilidad o de las ocupaciones que llegan de repente. Provoca una revolución orgánica interior en que la sensación de formar parte de la humanidad es fortísima. Una emoción intensa en la que el adulto se siente integrado en el devenir de los demás. Te sientes más preocupado (y aterrado) por las desgracias que les ocurren a otras criaturas, porque ellas son también tu niño, tu niña. Sin embargo, eso no significa que dejes de ser tú mismo, que tengas ganas de comprar otra cosa que no sea ropa de bebé; de tener ganas de jugar con tus hijos a la vez que te mueres por tener una conversación con un amigo sin interrupciones; de sacar la nariz fuera de tu entorno para ver otra realidad que no sean los pañales ¿Es fácil? Pues no; no lo es. Aunque creo que la sociedad lo pone más difícil de lo que es en realidad. Escribiendo este texto me viene a la cabeza la canción “This is a men’s world” de James Brown. La tendencia que viene impuesta desde los siglos de los siglos es muy difícil de cambiar; la bola (el bolón) que arrasa y marca quién ha de hacer qué en función del sexo. Esto me ha hecho reflexionar y darme cuenta de que muchas, muchísimas soluciones vienen dadas por los intereses económicos y no por las necesidades verdaderas de los niños y de las madres.
Ni se me pasa por la cabeza qué debe hacer cada mujer pero la presión sobre la lactancia materna es fortísima. Sin embargo, miro a mi alrededor y veo tetinas, biberones, leche artificial…Un “merchandising” espectacular que no acompaña al pecho. Tampoco es que vea a muchas mujeres dando de mamar en las zonas públicas. Igual también tiene que ver con el pudor de cada uno; cosa que no entiendo cuando veo la televisión y ves cuerpos y más cuerpos a cualquier hora. Lo primero que me sorprendió fue ver y entender que probablemente ni el ginecólogo ni el pediatra tengan idea de lactancia. Es decir, si tienen: tienen sobre las bondades del “producto”, pero no de resolver los problemas que conlleva la técnica, ni de acompañar a las mujeres en las hondas sensaciones que provoca. Se necesita una figura propia, la de asesor o asesora de lactancia, que te ayuda, te corrige de posición, te explica por qué te sucede lo que te sucede. Recomiendo dos libros que, personalmente, me ayudaron mucho. El primero es un clásico, un superventas que ha ayudado a miles de madres: “Un regalo para toda la vida”, de Carlos González. Este libro te convencerá de que puedes, que es lo más natural, lo más sencillo y lo más cómodo. Que si se ha hecho así durante toda la vida, por algo será; y tumba miedos y falsas creencias a la primera. Otra publicación que creo imprescindible es “Lactancia”, de Noelia Terrier (Editorial Litera). Resulta un apoyo emocional muy fuerte, con testimonios de personas que han pasado por lo mismo que tú; que se han sentido solas, o cansadas, incomprendidas, con ganas de criar a sus niños y, a la vez, de no desengancharse de la vida laboral. Cuidado, ambos libros hay que leerlos ANTES; no cuando aparezcan los obstáculos. Después estarás tan cansada y tendrás que resolver tantos problemas sobre la marcha, que no tendrás tiempo de aplicar lo que en ellos se explica.
Mención aparte resulta el tema "salgo a comer". Nunca antes había pensado que un elemento tan sencillo como un cambiador en un baño podría ser definitivo para ir a un restaurante. Antes eran invisibles y me sorprenden que haya tan pocos en sitios que antes frecuentaba. Un ejemplo: adoro la Malvarrosa, el paseo, Alboraia y La Patacona. El otro día me recorrí buena parte de los chiringuitos y sólo encontré uno que disponía de ellos. Cuando preguntaba en la barra por la disponibilidad de los mismos, la cara de los camareros era una mezcla entre: “Ooops, no había caído” y “Pobrecita madre lactante”- y yo salía rechinando los dientes-. Otra pregunta que me formulo es: “¿Por qué los cambiadores sólo están en el baño de las mujeres?”. Supongo que por la misma razón por la que antes las máquinas de preservativos sólo estaban en los servicios de los hombres. ¿Hay alternativa?: Supongo que los centros comerciales. Dios. Nunca me han gustado, pero benditas sean sus maravillosas salas de lactancia.
¡Pedid cambiadores!
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Portada de "Lactancia", Editorial Litera. |
Termino con un fragmento de “Lactancia”: “Durante la liberación de la mujer no conseguimos liberarnos de los tacones, de la depilación, ni del maquillaje, ni de la báscula, ni de tantas otras cosas que nos esclavizan por ser mujeres…Durante la liberación de la mujer, nos fuimos a trabajar. Durante la liberación de la mujer permitimos que la maternidad se supeditara al momento laboral, convirtiendo la producción de cosas en algo mucho más importante que la reproducción de la especie. Empezamos a separarnos de nuestros bebés cada vez más pronto, a pasar cada vez menos tiempo con ellos y, por supuesto, dejamos de alimentarnos con nuestra propia leche. Creímos que decidíamos sobre nuestra maternidad porque podemos tomar la píldora, pero estamos atrapadas: tenemos que trabajar para ser mujeres completas y ello impide que podamos ejercer completamente como madres. Nos sentimos juzgadas si decidimos dedicarnos a los primeros años de crianza y el mercado laboral nos castiga severamente cuando intentamos volver. Las leyes se quedan cortas y a la sociedad le importa un pimiento. Baja por maternidad, horas de lactancia, reducción de jornada o excedencia no siempre son posibles o suficientes. A cambio: imaginación al poder: autoempleo, trabajo desde casa, horarios flexibles, cambio de empresa o de profesión y, cada vez más, aprovechar el momento para reinventarse y descubrir nuevas profesiones”.
Me siento totalmente identificada. O como dice Belén: “Hoy en día, ser mujer, madre y trabajadora es una putada”. Pues sí, porque lo quieres todo. ¿No lo quieren ellos?
-Un regalo para toda la vida. Guía de la lactancia
materna. Editorial Booket. Carlos González.
-Del mismo autor: Bésame mucho. Cómo criar a tus hijos
con amor. Editorial Temas de Hoy.
-Lactancia. Noelia Terrier. Carlos Bravo (fotos). Editorial
Litera.