
De
todos los géneros y subgéneros que existen, el cuento es mi favorito. Los
agradezco en aquellos períodos en los que mi media de concentración son 5
minutos. Entonces pongo en marcha la lectura-microondas: - Abrir-leer-listo-.
También los empleo en clase, porque recuerdo lo negra que me ponía cuando me
dejaban a medias con fragmentos incompletos. Además de por su lectura
hiperrápida pero con principio y final, los adoro por su flexibilidad. Pueden
presentarse por autoría (de Chejov, de Poe), por temática (cuentos de terror,
de amor), por período histórico (cuentos victorianos), por época (cuentos de
Navidad, de primavera), hasta por procedencia (cuentos europeos, cuentos orientales)
y seguro que podrían encontrarse más criterios de ordenación. Esta versatilidad
me fascina. Ahora que rebusco en la biblioteca para hacer una colección de
cuentos para niñitos, me encuentro con este libro que recoge 1001 libros
infantiles (que hay que leer antes de crecer). Importa esta especificación
porque, como dice la autora de esta selección, “las narraciones que leímos en
la infancia permanecen siempre en la memoria”; y yo añadiría que son de ida y
vuelta. Probablemente regreses a ellas si has ido de niño; pero si lo haces de
adulto no volverás. De hecho, lo más seguro es que ni vayas, y con los mundos
tan fantásticos que recrean es una pena que no te pases por allí jamás.
En
realidad, las publicaciones que aparecen en esta guía no son cuentos en sentido
estricto; son relatos completos de mayor o menor complejidad en el que se
incluyen también muchos cómics y muchos álbumes ilustrados. Están presentados
por edades, aunque creo que las buenas historias pueden utilizarse en cualquier
momento. Sólo has de readaptarlas, acortarlas, saltarte las partes más
complicadas o cambiar el final según el niño. A mí me ha ayudado mucho a hacer
memoria porque tengo tendencia a la mezcla descontrolada: empiezo con el gato
con botas y acabo vaya usted a saber dónde…
Recojo
diez de esos libros que aparecen en esta guía que por supuesto leí de cría y me
encantaron. Y los vuelvo a leer ahora, y sigo con la boca abierta. Y espero que
cuando los lea Júlia, le gusten tanto como a mí.
-Agnes Cecilia. María Gripe.
María Gripe (premio Andersen, 1974) todavía es leída en las
clases por “Los escarabajos vuelan al atardecer” pero este libro es EL LIBRO de
María Gripe. La diferencia de esta
autora es que sabía narrar como nadie los mecanismos internos que mueven el
comportamiento de los niños y reflejar las preocupaciones por las que pasan. En
la casa de Nora empiezan a pasar cosas rarísimas y a su lado llega una muñeca
que tiene un aliento de vida y de la que recibe consejo. Con referencias filosóficas
sobre Schopenhauer. (El ojo lo ve todo menos a sí mismo). Es un relato sobre
familia y fantasmas.
-Alicia en el país de las maravillas. Lewis
Carroll
De los cuentos populares, creo que el de Lewis Carroll es mi
favorito; creo que porque no termina como es habitual: con el principito en el
bolsillo de la dama o viceversa. Alicia caminaba a su aire y, a su paso, iban
surgiendo personajes que rayaban la locura y la psicodelia. No tenía que
competir, ni luchar contra nadie. Supongo que la metáfora sobre la búsqueda de
un mundo que no resultase tan gris como el victoriano acabó por convencerme.
En casa tenía un troquelable fantástico, con una niña que
caía por un túnel hecho con anillas de cartón y unos rosales que cambiaban de
color accionando la pestañita correspondiente.
-Cuentos de la Selva. Horacio Quiroga.
Me he encontrado con
maravillas (y con auténticas castañas) por mi manía de comprarme un CD por su
carátula o un libro por el diseño de una portada, y este es uno de esos casos.
Los cuentos de Quiroga no me gustaron al principio, porque están llenos de
americanismos y no entendía, entre otras cosas, que era un “yacaré”. Sin
embargo, con la ayuda de un diccionario en este libro se pueden contar fábulas preciosas
que recrean a la perfección la atmósfera de la selva de Misiones. Discurre en
paralelo a “El bosque animado”, de Wenceslao Fernández-Florez, también
recomendadísimo para chavales. Hace unos años José Luis Cuerda se inspiró en
este libro para hacer una película de este mismo nombre con un soberbio Alfredo
Landa en el papel del asaltacaminos Fendetestas.
-Dos años de vacaciones. Julio Verne.
De toda la bibliografía tradicional de novelas de aventuras,
mis favoritos son “Las minas del rey Salomón” (de Rider Haggard) y “Dos años de
vacaciones”. Consiguió ponerme en la piel de los chavales náufragos y recuerdo
que mientras pasaba las páginas pensaba: “Si esto sucediese con mis compañeros
de clase… ¡¡no sobrevivíamos ni una semana!!”. Más blanco, más aventurero y más
sencillo que el “El señor de las moscas”, que sigue un argumento parecido, pero
que en realidad es más complicado y en el fondo no tiene nada que ver.
-El hobbit. JRR Tolkien.
La última película que vi en el cine y que lamenté haber
lanzado a la papelera tiempo y dinero. Señor, señor, qué manera de maltratar
una historia fantástica de dragones y enanos. Me leí este libro porque alguien
leyó entre sus páginas: “Las raíces no se ven, y es más alta que un árbol.
Arriba y arriba sube, y sin embargo no crece”. El capítulo dedicado a la
batalla de acertijos es lo mejor de este libro.
El Rey bajo la Montaña ha vuelto…
-El perro de los Baskerville. A. Conan Doyle
¡La bestia negra de mirada fosforescente que recorre el
páramo en busca de presas es irresistible! Desde luego, no es para primeros
lectores, pero creo que esta es la novela perfecta para introducir a los
chavales en el universo de Baker Street.
-La historia interminable. Michael Ende.
El hit literario de ¿1986? Un libro fantástico del que hicieron una
película espantosa que consiguió dañar la memoria audiovisual de los niños de
entonces. Con unos secundarios chulísimos que protagonizaban cada uno de los
capítulos y que resultaban más importantes que los personajes principales y que
daban idea de la riqueza de Fantasía: la Vetusta Morla, Igramul el múltiple, la
Casa del Cambio, Doña Ayula… La combinación de tintas rojas y verdes hacía que
el lector identificase y separase el mundo real y el imaginado. Con unas
ilustraciones preciosas que abrían cada capítulo e imitaban los antiguos
manuscritos iluminados.
-La isla del tesoro. Robert Louis Stevenson.
Mi padre me lanzó este libro a la cama desde la puerta de mi
habitación al grito: ¡Léetelo! y consiguió consolarme así de una buena varicela
en pleno mes de agosto. Todo lo que he visto y leído a posteriori sobre
corsarios y bucaneros siempre he tenido la sensación que bebían de este relato;
que la historia de Stevenson era la referencia original de todas las demás ¡Mi
Long John Silver! Cuando me leí este libro yo soñaba que fuese en el fondo
bueno. Pero claro, estaríamos hablando de otro libro. Ahora mismo me sirve para
hacer unos dictados impresionantes sobre la b: Bribón, bergante, bucanero, barlovento,
bitácora.
-Nacida en Domingo. Gudrun Mebs.
En los cuentos clásicos, la orfandad es el gran miedo de los
niños. La ausencia y la carencia, llegan acompañadas por un personaje abominable y cruel que
empeora todo: ¡la madrastra! En este caso, la protagonista de este cuento es
una huérfana “moderna”. Vive en un centro social de una gran ciudad. Comparte
su vida con otros niños en similares situaciones y espera la llegada de unos
padres que la acojan y la quieran. Los padres modélicos parecen sacados de la
pasada burbuja inmobiliaria: con un cochazo, vestidos con pieles y trajes y
montones de juguetes (que no de juegos). Nora alucina con la madre que le toca:
no tiene pareja, es escritora y vive en un apartamento chiquitín…Escrito en
primera persona, los chavales se identifican con la historia desde el primer
momento.
-The
Tale of Peter Rabbit.. Beatrix Potter.
En este libro aparecen un buen número de héroes de cómic,
como Tintín o Asterix, sin embargo no quería terminar sin dejar espacio a los
ilustradores ya que muchos cuentos no serían nada sin ellos. Están muy de moda
los trabajos de Lauren Child o los preciosos dibujos de Auguste Lacombe o el
propio Quentin Blake que ilustra esta selección. Sin embargo, mi autora
favorita sigue siendo Nuria (http://nuriambb.blogspot.com.es). En este caso, uno de
los álbumes escogidos en esta guía son los realizados por Beatrix Potter. Si permaneces
en la superficie, sus personajes pueden resultar un poco ñoños; sin embargo, si
rascas en esta creadora encuentras que en realidad fue una botánica y una micóloga
entusiasta que dibujó todas sus criaturas a partir de la realidad. También fue
una cronista poco sentimental de la naturaleza “con sus dientes y garras
rojas”. Peter Rabbit fue su primer libro y, probablemente, el mejor. El
travieso conejo no tiene en cuenta la orden de su madre de no acercarse al
jardín (“Tu padre tuvo un accidente ahí, la señora McGregor lo metió en un
pastel) y de ahí empiezan todas las complicaciones…
Como gran aficionada a las flores y las plantas, creo que
Potter tenía sentimientos algo contradictorios hacia los conejos. Idóneo para
los primeros lectores.
Y hasta aquí. La buena noticia es que quedan 991 más. Se
echa en falta que la selección de cuentos tenga una visión cultural un poco más
amplia, porque se aprecia que bebe mucho de la cultura anglosajona. Por
supuesto, también están incluídos los relatos más populares últimamente, como
la saga de Harry Potter o Narnia Y también hay grandes ausencias como “El libro
de la selva”; o la la divertida colección de amiguetes del pequeño Nicolás o la
fantástica colección de cuentos para contar por teléfono de Gianni Rodari, pero
claro, la selección no la he hecho yo, ni se pueden recoger todos los cuentos
del mundo. La mía es “triple f-only A”: femenina, fantástica, fantasmagórica y
aventurera.
-1001 libros infantiles que hay que leer antes de
crecer. Quentin Blake y Julia Eccleshare. Grijalbo.