jueves, 27 de marzo de 2014

El reino del esplendor

Cuelgo textos medio a escondidas o más bien escondida plenamente en el salón de plenos. Debería estar haciendo otras cosas, debería estar preocupándome de otros asuntos o atendiendo cualquier otra tarea que parece no terminar nunca; pero estoy ahíta de deberes y de sentir que el tiempo se escapa sólo en obligaciones.  En esta reunión soporífera te saco del bolsillo aunque me miren mal (menos mal que no te he dejado en casa). Aquí falta sentido común y sobra economía.
A Suárez también le gustabas.
En la cumbre de la alegría;
por el reino de la dulzura
junto a la umbría deleitable
sobre el reino del esplendor
Tales lugares deseaba
a quien le dijo solamente
que iba con él a donde fuese
sin preguntarle si quería.
La miró mientras caminaban:
está jugando a formar aros
con el humo del cigarrillo;
Tiene un aire de colegiala
cometiendo una diablura
en plena calle y a horas altas;
Pero su paso es mesurado.
No puede haber nada tan bello
aunque es de noche. Ahora se alza
de puntillas para besarle.

De “La noche le es propicia.” 1992.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Miedo al miedo


Tagore, Nobel de Literatura, 1913.
Como persona expansiva y acumulativa, entro en conflicto periódicamente con el espacio sin remedio. En realidad, los problemas los tengo con quienes comparto mi vida. Echo de menos los días en los que escribía como una loca y no tenía que rendirle cuentas a nadie de lo ordenada, vacía o repleta de postits que tenía la mesa…Repleta de postits, de libros, de apuntes, de libretas o de cualquier otro soporte hecho de papel, siempre el querido papel. Ahora, quiera o no, las circunstancias me obligan a clasificar periódicamente material y lecturas y así sonrío al recuperar a “El jardinero” de una caja que sale de mi vivienda de alquiler. Recuerdo con media sonrisa cómo llegó a mis manos: me veo a mí misma errante y feliz por la Feria del Libro; mirando allí y allá, curioseando y tocándolo todo a ser posible cuando una portada llamó mi atención. Era pálida y violeta; y me dijo claramente: “Ábreme, anda”. Tagore me sonaba entonces a sabiduría de azucarillo de café, a frases lapidatorias de calendario escolar. Cuál fue mi sorpresa al encontrar la misma lucidez en el pico de un verso. ¡Lee! -exhortan los profesores-: “Lee porque vivirás más, expandirás tu cultura, conocerás personas y mundos que ampliarán tu limitada existencia…” Y, sin embargo, lo que me impresionó terriblemente fue entender en ese mismo instante lo que Antonio Muñoz Molina denominó “literatura-espejo”: Rabindranaz, fuera de mi tiempo, de mi espacio, de mi edad y de mi cultura, describió a golpe de verso una situación que yo no era capaz de entender, y mucho menos expresar. Sus versos lo ponían todo en orden y situaban en primera línea al miedo.

El miedo al miedo, la gran fuerza paralizante. Si algo parece que vaya a suceder y no ocurre, seguramente él será el responsable. Rabindranaz Tagore, sabio antes que poeta; como Fray Luis.

Felices fiestas.
Anhelo decirte las palabras más profundas que tengo que decirte; 
pero no me atrevo, 
por miedo a que te rías. 
Por eso me río de mi mismo y hago añicos mi secreto en bromas. 
Me río de mi pena, por miedo a que lo hagas tú. 
Anhelo contarte las palabras más verdaderas que tengo que decirte;  
pero no me atrevo, 
por miedo a que no las creas. 
Por eso las disfrazo de mentiras, diciendo lo contrario de lo que quiero decir. 
Hago que mi pena parezca absurda, por miedo a que lo hagas tú. 
Anhelo usar las palabras más preciosas que para ti tengo; 
pero no me atrevo, por miedo a no ser pagado con la misma moneda. 
Por eso te doy nombres duros, y me jacto de mi insensible vehemencia. 
Te causo dolor, por miedo a que no conozcas nunca la pena. 
Anhelo sentarme en silencio a tu lado; 
pero no me atrevo, por miedo a que mi corazón salga a mis labios. 
Por eso charlo y parloteo, y oculto mi corazón tras las palabras. 
Trato con rudeza mi pena, por miedo a que lo hagas tú. 
Anhelo alejarme de tu lado; 
pero no me atrevo, por miedo a que te des cuenta de mi cobardía. 
Por eso llevo alta mi cabeza y acudo con aire indiferente a tu presencia. 
Las constantes punzadas de tus ojos renuevan mi dolor eternamente.

jueves, 21 de noviembre de 2013

20 minutos

Gloria se encontró anoche con una chica abandonada justo en la puerta del instituto. Le habían propinado una paliza. Sangraba y no podía hablar. “Cuando consigo que mis alumnos lean y escriban 20 minutos. Son 20 minutos que esa chica no está sola y desamparada encima de la acera”.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Porque sí

Un respiro, un chisporroteo de luz, espuma, agua.
Deslizo los dedos por el teclado por puro placer, sin más intención que sentir las teclas bajo mis yemas y escuchar esta intermitencia. Mmmm, qué gusto…qué ganas. Escribo por escribir, sin querer decir nada. Escribo para abrir la ventanta, porque me hace bien, porque lo necesitaba. Qué mono de unir letras para airear la casa.

Hoy escribo porque sí.

jueves, 12 de septiembre de 2013

La disciplina de la imaginación

Cortesía Antonio Muñoz Molina.
Me he pasado buena parte del verano buscando recursos para enseñar literatura. Y durante este periplo, a la cabeza me venía constantemente una de las máximas del periodismo: tan malo es no tener información como el exceso de la misma porque en este caso se produce irremediablemente el  “black out”, el fundido en negro; en el que el receptor deja de prestar atención porque se encuentra saturado por el aluvión de datos. Justo antes de caer noqueada, me encontré de casualidad una frase que me despertó de golpe por su extraordinaria contundencia y sensibilidad:

"La literatura nos enseña a mirar dentro de nosotros y mucho más lejos del alcance de nuestra mirada. Es una ventana y también un espejo. Quiero decir: es necesaria. Algunos puritanos la consideran un lujo. En todo caso, es un lujo de primera necesidad"


El texto íntegro (demasiado extenso para reproducirlo) se puede encontrar en este enlace: http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/2011/10/la-disciplina-de-la-imaginacion/ Si has llegado hasta aquí, por favor, clica y échale un vistazo. Antonio Muñoz Molina escribió este discurso en 1990. En él da un repaso a la tremenda brecha que se ha producido entre cultura y educación que ha conseguido vaciar por igual las aulas y los centros culturales; entiende la literatura como un elemento tan vital para la vida como el aire o los amigos; y la amplía no sólo a la producción de escritores reconocidos, sino al valor que tiene cualquier persona que intente fomentar el valor de la lectura, ya sea un profesor o un padre. Leer es vida, pero no sirve para esconderse de ella, y pone el dedo en la llaga en la imaginación como la esencia de la creación literaria. 
Anima a ser valiente, a salirse de la cuadrícula, a no dejarse asfaltar por la consigna de “convertirse en un hombre de provecho”. Sus palabras me han servido para olvidarme de las figuras retóricas y orientar las clases de otra manera, porque no aguanto y no entiendo cómo algunos profesores puedan decir: “Menudo espanto dar todo el año literatura”. Que salga el sol por Antequera.

jueves, 11 de julio de 2013

Verano Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina nunca me ha sido indiferente, pero le conocía más por los artículos periodísticos y por los comentarios que de él hacía su mujer, que por su obra:

“Ése es el profesor al que quieren sus alumnos, el que trata de contagiarles su vieja pasión por la literatura y de no desalentarles en su sueño por vivir algún día de este oficio raro”
“Y ése es Antonio, que anda como flotando, el mismo que toma notas mirando al Hudson, porque espera sentarse un día a escribir un libro dedicado exclusivamente a este río…”
“…quien lleva siempre a cuestas una mochila para transportar los libros que lee en el metro, pero también porque sueña con encontrar alguna rareza en los parques…”
" El Smoke es ese club de jazz que Antonio siempre soñó tener en el mismo barrio en el que viviera..."

Ni qué decir tiene que a mí sin conocerle en absoluto me caía fenomenal, con la mala conciencia de haberme aproximado a su obra de puntillas. Pero el otro día, entré en Abacus y me llamó poderosísimamente la atención la portada de un libro: en ella destacaban los rasgos afilados y picudos de las mayúsculas de los apellidos, justo como los dientes de un depredador. Estaban situadas sobre un fondo rojo sangre exactamente por encima de un ojo sin pupila que había sido sustituída por una luna verdosa y sombría.
Y yo, que no juzgo a nadie por el exterior, pero que sí que me dejo atrapar por un buen diseño de carátula o de portada, me metí a “Plenilunio” en el bolsillo y me ha dejado eclipsada totalmente. Por el ascazo que me ha provocado el asesino, por los sentimientos gemelares de Susana Grey hacia su ciudad, por la profundidad de ciertos procesos mentales y por el interesante movimiento de la novela que, como el satélite, rota y se traslada a la vez, ahondando poco a poco en los detalles de lo sucedido y haciendo avanzar la historia al mismo tiempo.
En fin, que tengo a Sefarad, y al jinete arañando y pifiando en mi puerta.
Visitar su web en pleno verano resulta refrescante y enriquecedor (http://antoniomuñozmolina.es ). Me gustan desde las imágenes de su álbum profesional y familiar, hasta el blog de los lectores en el que aprieto el ánimo para escribir dos líneas...


¿Estos dos no me adoptarán? 

martes, 11 de junio de 2013

A la teta y a la letra

La maternidad te cambia, te transforma. Y no hablo de la falta de tiempo o de sueño, de la responsabilidad o de las ocupaciones que llegan de repente. Provoca una revolución orgánica interior en que la sensación de formar parte de la humanidad es fortísima. Una emoción intensa en la que el adulto se siente integrado en el devenir de los demás. Te sientes más preocupado (y aterrado) por las desgracias que les ocurren a otras criaturas, porque ellas son también tu niño, tu niña. Sin embargo, eso no significa que dejes de ser tú mismo, que tengas ganas de comprar otra cosa que no sea ropa de bebé; de tener ganas de jugar con tus hijos a la vez que te mueres por tener una conversación con un amigo sin interrupciones; de sacar la nariz fuera de tu entorno para ver otra realidad que no sean los pañales ¿Es fácil? Pues no; no lo es. Aunque creo que la sociedad lo pone más difícil de lo que es en realidad. Escribiendo este texto me viene a la cabeza la canción “This is a men’s world” de James Brown. La tendencia que viene impuesta desde los siglos de los siglos es muy difícil de cambiar; la bola (el bolón) que arrasa y marca quién ha de hacer qué en función del sexo. Esto me ha hecho reflexionar y darme cuenta de que muchas, muchísimas soluciones vienen dadas por los intereses económicos y no por las necesidades verdaderas de los niños y de las madres.







Ni se me pasa por la cabeza qué debe hacer cada mujer pero la presión sobre la lactancia materna es fortísima. Sin embargo, miro a mi alrededor y veo tetinas, biberones, leche artificial…Un “merchandising” espectacular que no acompaña al pecho. Tampoco es que vea a muchas mujeres dando de mamar en las zonas públicas. Igual también tiene que ver con el pudor de cada uno; cosa que no entiendo cuando veo la televisión y ves cuerpos y más cuerpos a cualquier hora. Lo primero que me sorprendió fue ver y entender que probablemente ni el ginecólogo ni el pediatra tengan idea de lactancia. Es decir, si tienen: tienen sobre las bondades del “producto”, pero no de resolver los problemas que conlleva la técnica, ni de acompañar a las mujeres en las hondas sensaciones que provoca. Se necesita una figura propia, la de asesor o asesora de lactancia, que te ayuda, te corrige de posición, te explica por qué te sucede lo que te sucede. Recomiendo dos libros que, personalmente, me ayudaron mucho. El primero es un clásico, un superventas que ha ayudado a miles de madres: “Un regalo para toda la vida”, de Carlos González. Este libro te convencerá de que puedes, que es lo más natural, lo más sencillo y lo más cómodo. Que si se ha hecho así durante toda la vida, por algo será; y tumba miedos y falsas creencias a la primera. Otra publicación que creo imprescindible es “Lactancia”, de Noelia Terrier (Editorial Litera). Resulta un apoyo emocional muy fuerte, con testimonios de personas que han pasado por lo mismo que tú; que se han sentido solas, o cansadas, incomprendidas, con ganas de criar a sus niños y, a la vez, de no desengancharse de la vida laboral. Cuidado, ambos libros hay que leerlos ANTES; no cuando aparezcan los obstáculos. Después estarás tan cansada y tendrás que resolver tantos problemas sobre la marcha, que no tendrás tiempo de aplicar lo que en ellos se explica.
Mención aparte resulta el tema "salgo a comer". Nunca antes había pensado que un elemento tan sencillo como un cambiador en un baño podría ser definitivo para ir a un restaurante. Antes eran invisibles y me sorprenden que haya tan pocos en sitios que antes frecuentaba. Un ejemplo: adoro la Malvarrosa, el paseo, Alboraia y La Patacona. El otro día me recorrí buena parte de los chiringuitos y sólo encontré uno que disponía de ellos. Cuando preguntaba en la barra por la disponibilidad de los mismos, la cara de los camareros era una mezcla entre: “Ooops, no había caído” y “Pobrecita madre lactante”- y yo salía rechinando los dientes-. Otra pregunta que me formulo es: “¿Por qué los cambiadores sólo están en el baño de las mujeres?”. Supongo que por la misma razón por la que antes las máquinas de preservativos sólo estaban en los servicios de los hombres. ¿Hay alternativa?: Supongo que los centros comerciales. Dios. Nunca me han gustado, pero benditas sean sus maravillosas salas de lactancia.




¡Pedid cambiadores!




Portada de "Lactancia", Editorial Litera.
Termino con un fragmento de “Lactancia”: “Durante la liberación de la mujer no conseguimos liberarnos de los tacones, de la depilación, ni del maquillaje, ni de la báscula, ni de tantas otras cosas que nos esclavizan por ser mujeres…Durante la liberación de la mujer, nos fuimos a trabajar. Durante la liberación de la mujer permitimos que la maternidad se supeditara al momento laboral, convirtiendo la producción de cosas en algo mucho más importante que la reproducción de la especie. Empezamos a separarnos de nuestros bebés cada vez más pronto, a pasar cada vez menos tiempo con ellos y, por supuesto, dejamos de alimentarnos con nuestra propia leche. Creímos que decidíamos sobre nuestra maternidad porque podemos tomar la píldora, pero estamos atrapadas: tenemos que trabajar para ser mujeres completas y ello impide que podamos ejercer completamente como madres. Nos sentimos juzgadas si decidimos dedicarnos a los primeros años de crianza y el mercado laboral nos castiga severamente cuando intentamos volver. Las leyes se quedan cortas y a la sociedad le importa un pimiento. Baja por maternidad, horas de lactancia, reducción de jornada o excedencia no siempre son posibles o suficientes. A cambio: imaginación al poder: autoempleo, trabajo desde casa, horarios flexibles, cambio de empresa o de profesión y, cada vez más, aprovechar el momento para reinventarse y descubrir nuevas profesiones”.




Me siento totalmente identificada. O como dice Belén: “Hoy en día, ser mujer, madre y trabajadora es una putada”. Pues sí, porque lo quieres todo. ¿No lo quieren ellos?
 
-Un regalo para toda la vida. Guía de la lactancia materna. Editorial Booket. Carlos González.
-Del mismo autor: Bésame mucho. Cómo criar a tus hijos con amor. Editorial Temas de Hoy.
-Lactancia. Noelia Terrier. Carlos Bravo (fotos). Editorial Litera.