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sábado, 8 de marzo de 2025

Fan de Berna Wang


Hoy, como 8 de marzo, si quieres hacer un regalo fundamentalmente a ti misma, acércate a Berna Wang. Te regalas cultura, poesía, amor hacia la familia y hacia las raíces culturales. 

Berna es exótica y embriagadora. Es necesaria como una planta

Portada del libro.
salvaje que se dirige a un geranio para hacerle ver lo cómoda de su situación porque no ha tenido que luchar por adaptarse ni integrarse. Habla, en definitiva, de choque cultural. Berna, criada en España, procede de una familia intelectual china y en la base de buena parte de su obra se encuentra la fusión y el enfoque de ambas culturas. En este caso, a partir del amor y de la sorpresa de las frases hechas y refranes que todavía le dice su madre.

¿Qué puedes encontrar en este libro?

Primero, el refrán escrito en caracteres chinos y la correspondiente transcripción fonética y la traducción literal del mismo. Algunos son sorprendentemente parecidos a la cultura española: 

"Si quieres comer sal, ve al océano", reflejo como un espejo del refrán español "Quien quiera comer peces que se moje el culo". Otros resultan extraños bajo la mirada occidental: "Hóng pèi lù, kàn, bù, zù" ("Nunca te cansas de mirar rojo y verde"). A partir de aquí, Berna realiza una explicación de la expresión o del modismo tomando como referencia su propia experiencia; es decir, en qué contexto su madre le indicaba esta frase: cuando le cortaba el pelo, cuando por mantener una conversación fluida durante la comida se quedaba la última con el arroz en el plato, cuando los invitados se marchaban por fin a casa después de una velada agotadora...

"Mama huhu". En chino:
 "Déjalo estar. Qué más da"

Finalmente, cada apartado incluye un breve texto en prosa o en verso relacionados con la infancia de Berna. Son momentos íntimos, domésticos, recogidos en el papel  tras pasar por una preciosa memoria emocional en el que también se cuela la crítica hacia la cultura machista,
casi inevitable, en una sociedad tan tradicional:

la obediencia machista, las "virtudes" femeninas -como el silencio-. 

Es por tanto, un libro tricapa, con una lectura en varios niveles que tanto enriquece y que tanto me gusta. Me llama la atención, un apartado del final que dice sán bú, sàn xín o lo que es lo mismo: "se esparcen los pasos/se esparce el corazón".  Pues bien, si quieres que se esparza el corazón, hazte con un ejemplar...

Berna Wang en la Feria del Libro de Madrid.

Cosas que me explica mi madre, lo tienes en la Editorial Milmadres-colección de poesía y dramaturgia-

martes, 7 de junio de 2016

No te detengas

Walter (Walt) Whitman (1819-1892), padre de la poesía norteamericana, polémico y librepensador. Algunos dicen que este poema no lo escribió él, sino que es un suma y sigue del guión de la película "El Club de los poetas muertos". De hecho, la figura y la voz del profesor Keating se basa en frases, versos y pensamientos que sí pronunció el poeta. Así que, me da igual si fue antes el huevo o la gallina. Con su permiso, Mister Whitman, me lo pienso beber a sorbos este verano.
No permitas que la vida te pase sin vivirla. 

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
Whitman en Boston, hacia 1860.
Cortesía Whitman Archives.
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabas y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores;
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros:
los “poetas vivos”.

No permitas que la vida te pase sin vivirla.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Soy Hemingway



 Es el título más idiota que he editado y que editaré pero, sinceramente, es lo que mi voz interior aulló en cuanto Patricia se puso en contacto conmigo. Las coincidencias en literatura son increíbles.





El 8 de marzo me iba arrastrando por los pasillos porque tenía  jornada evaluadora inacabable e inagotable. Justo en la minipausa para la comida se puso en contacto conmigo Patricia Picazo. Picazo, narradora, bloguera y cuentista (http://patriciapicazo.blogspot.com.es/) es el alma mater de un festival sobre la narrativa oral que se celebra en Ávila desde hace ya unos años. Fuimos compañeras allá por el Pleistoceno Medio y sabemos la una de la otra gracias a las redes sociales, de las que yo ya he dicho más de una vez que soy fan total. Cuando pidió microrrelatos para el festival, le envíe uno y justo ese día me dijo que había sido seleccionado para el certamen.

Sin embargo, y como diría Martín Gaite, la noticia tenía un cuarto de atrás que consiguió atragantarme: “Este cuento está atribuído a Hemingway. ¿Es de él o de algún otro?”, me preguntó.

Enrojecí por la vergüenza de que sospechase; por la vergüenza de que pensase de que podía ser capaz de tremenda estupidez; pero también porque cuando me pasó el micro del Nobel (que jamás antes había leído) comprobé la normalidad y la lógica de su primera deducción ya que tanto uno como otro tenían la misma estructura, desarrollaban una idea idéntica y compartían penas escondidas en unos zapatos infantiles o en un cochecito.

Los reproduzco para volver a alucinar con el paralelismo. El mío lo publiqué hace ya 3 años en este mismo blog (Ver "Vacío en 1, 2, 3...") y forma parte de lo que llamo mi “Etapa Negra” (Goya dixit, con permiso).

Qué impulsó a Hemingway escribir el suyo no tengo ni idea.



-“For sale: baby shoes. Never worn”

-"(Anuncio por palabras): Se vende cochecito de bebé sin estrenar"


PD: Por cierto que Patricia me creyó y publicado quedó. Pero, aunque hubiese sido deseditado, mi alegría salvaje que duró evaluación, postevaluación, entrega de notas y claustro, no se habría reducido. Fue un placer. Mil gracias.

miércoles, 27 de enero de 2016

Noches sin dormir

A veces me inquieta mi absoluta despreocupación por la producción literaria y musical de autores que antes veneraba: no sé qué hace Drexler, ni  Juan Perro, he dejado desatendida a  Montero e, incluso, y viene al pelo, a Muñoz Molina. Sí sabía que Elvira Lindo publicaba y me tatué en el cerebro y en la agenda comprar (y leer) su último libro. Sorprendentemente, tras acabar “Noches sin dormir” me cuestioné esta fidelidad; porque yo, que huyo de la repetición en la literatura y en la vida,  leo en sus escritos una y mil vueltas a sus manías y a sus mundos. En “Don de gentes” la redescubrí como una gran articulista, capaz de sacar lo trascendental a situaciones triviales mientras repasaba su vida en Nueva York. Volví a toparme con la misma temática en “Lugares que no quiero compartir con nadie”, más centrado en locales de ocio, restaurantes, y bares de moda hasta tal punto que ha acabado convirtiéndose en una guía de turistas urbanitas españoles de visita por la Gran Manzana. En cambio, "Noches sin dormir" se estructura a modo de diario en el que se supone ha sido su último invierno en la ciudad. ¿Qué ocurre? ¿Por qué esta fijación? Porque me leo a mí misma. Pero con tanta claridad que aterra. Su dispersión, su pánico a escribir un libro y en contradicción parcial, la necesidad imperiosa de escribir para vivir y para ordenar el pensamiento (ver cita).  Todas estas emociones en mí han terminado cristalizado esta burbuja de comodidad bloguera; pero también (como ella) me voy dando mamporros a mí misma para salir de aquí, para asomar la patita por debajo de la puerta a pesar del mal tiempo y de las críticas feroces.
Reconozco en su deseo de pertenecer a un barrio, mi propia voluntad de echar raíces sin cerrar las puertas al retorno. Elvira quiere sentirse querida y reconocida en los en restaurantes y bares que frecuenta; en mi caso, la puerta de entrada a las localidades en las que voy viviendo son las peluquerías. Agradezco la verborrea cómoda que se desparrama entre tintes y rulos en un entorno exterior en el que no se suelen dar excesivas confianzas a los desconocidos. Mi Carmen me hizo sentirme como en casa desde el primer día que me arrellané en el sillón y le di vía libre a que hiciese lo que le diera en gana con mi pelo. Con ella me explayo de las vivencias en mis clases y me hace hablar a veces más de la cuenta de mi familia y de mi día a día. También Elvira dedica uno de sus capítulos a su peluquero. Como ella, tengo ganas de mudarme de piso. Llevo años rondando esta idea y no lo hago: No lo hago por comodidad; pero también, porque el Barri de Ponent no ha crecido según una pauta de celda-panel con adosados impersonales lejos de todo, y en él he encontrado un hogar. Me siento mediterránea en la elección de lugares vitales: me gustan los barrios recargados, atiborrados, con un comercio vivo aunque eso haga lamentarme una y mil veces la falta de aparcamiento. Mi biblioteca, en el corazón de este entramado social, me ha rescatado de muchas tardes de soledad, igual que las redes sociales. Y junto con los libros, agradezco infinitamente el caudal de vida cultural que Elvira da a conocer porque sé que los poemas, los discos y las películas que le hacen la vida más fácil en un invierno brutal también me la facilitarán a mí.
 Y así podría seguir y seguir, de manera que a veces con una ensoñación típica de loca me imagino que podría ser una vecinita de arriba (o de abajo o de al lado), compartiendo los mismos o similares problemas y viviendo una vida paralela. Alucino cuando Elvira cuenta que tanto él como Muñoz Molina escriben un diario desde hace años. Yo misma lo hago desde que tenía 13. Y lo he hecho de manera desparramada y caótica: en libretas, en hojas sueltas, en la cara B de los cuadernos escolares y, finalmente, desde el 2003  mantengo uno online. Los primeros están diseminados por las casas de mis padres; el segundo lo he ido recuperando de placas bases descompuestas, pen-drives, archivos borrados…parece increíble que a mí que me da vergüenza  decir que escribo sobre mí y para mí, esta mujer, lo indica abiertamente en esta obra. Está claro que las líneas apocalípticas absurdas que todos tenemos cada uno las subraya en sitios distintos. Elvira se lamenta de la ciudad en la que ha vivido los últimos años porque la mantuvo lejos de su padre en sus últimos años. A mí sólo me separan 250 kilómetros de casa, pero son suficientes para no estar los fines de semana, ni pasarte un rato por la tarde, ni parte de las vacaciones. La separación es la misma; las opciones de salvar esa distancia sí son más cómodas y más fáciles pero la pena sabe igual: “qué poco vemos a la niña, qué rápido se pasan las vacaciones, ¿sólo váis a estar 10 días en verano?”

Cuando explica las ansias por conocer gente nueva, por hacer amigos, en una ciudad sin familia ni raíces, Elvira recoge el lamento de su marido por el ambiente universitario. Calidez entre el alumnado; frialdad gélida entre los colegas Y aquí también-también mi vida se funde con la suya: no sé si me he resignado, si me he vuelto más selectiva, si ya no espero sorpresas, si no tengo tiempo o si mi micronúcleo me calienta el corazón lo suficiente para no notar esta frialdad. Intento no cerrarme en banda (no lo hago); pero el otro día no recuerdo a quién comentaba que he perdido la costumbre tan valenciana de plantarle dos besos en las mejillas a cualquiera  recién presentado. Aquí contestan con un “Tant de gust” y una leve inclinación de cabeza. No se acercan (por si acaso). Yo a ellos tampoco. Pero lo digo con una sonrisa.

-Noches sin dormir. Editorial Seix Baral.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Contribución a la estadística

¡Cuánto necesitaba encontrar la sorpresa en un poema! El objetivo este año para cualquiera: salir del grupo del ochenta y tres; y entrar de cabeza en el de veintitantas.

De cada cien personas, 
las que todo lo saben mejor:
Szymborska, Nobel de Literatura en 1996. Cortesía Reuters.
cincuenta y dos.
Las inseguras a cada paso:
casi todo el resto.

Las prontas a ayudar,
siempre que no dure mucho:
hasta cuarenta y nueve.
Las buenas siempre,
porque no pueden de otra forma:
cuatro, o quizá cinco.

Las dispuestas a admirar sin envidia:
dieciocho.
Las que viven continuamente angustiadas
por algo o por alguien:
setenta y siete.

Las capaces de ser felices:
como mucho veintitantas.
Las inofensivas de una en una,
pero salvajes en grupo:
más de la mitad seguro.

Las crueles,
cuando las circunstancias obligan:
eso, mejor no saberlo,
(ni siquiera aproximadamente)
Las sabias a posteriori:
no muchas más
que las sabias a priori.

Las que de la vida no quieren más que cosas:
cuarenta.
Aunque quisiera equivocarme,
las encorvadas, doloridas 
y sin linternas en lo oscuro:
ochenta y tres.

Tarde o temprano,
las dignas de compasión:
noventa y nueve.
Las mortales:
cien de cien.
Cifra que por ahora no sufre ningún cambio. 

Wislawa Szymborska
Contribución a la estadística

jueves, 14 de mayo de 2015

Pequeños accidentes caseros

"Berna Wang reflejada en un Millares"
Foto: Francisco Javier Garín.
Museo Abstracto de Cuenca.
A Berna la sigo desde que su “Mirada oblicua” detenía mis salidas explosivas camino al trabajo. Afilaba (y afinaba) la oreja e intentaba recordar o garrapatear donde podía sus poemas, sus pensamientos, sus versos breves cercanos al haikú que me conmovían por su intensa expresividad y que después intentaba utilizar para enriquecer y engraciar (me temo que me invento esta palabra) mis artículos sobre la actualidad gris.Si bien su espacio en RNE terminó en el 2008, en el espacio han quedado los últimos post que se emitieron (“En el cielo de Madrid “sólo” se ve Júpiter) y que he enlazado junto a otros blogs que también escribía. Es diferente y profunda; sabe dar  la vuelta a la cotidianidad para saborearla desde otra perspectiva. Siempre sienta bien aunque, en esta ocasión, sepa a desamor.
Publica, Berna, ¡publica! Desde aquí se te echa MUCHO de menos.
(Yo también hablo con los objetos).

Me hice un tajo en un dedo cuando cocinaba.
Luego me despellejé otro dedo al abrir la botella.
Hoy me he raspado la pierna con el pico de la mesita.
Así que me he puesto seria:
he reunido en asamblea a todos los objetos de mi casa
y les he dicho que ya sé
que me muero de pena,
que tengo el corazón en carne viva.
Que ya sé
que no soy más que una herida que sangra tristeza,
que hasta respirar me duele porque él no me ama
como le amo yo;
en fin: que no hace ninguna falta, les he dicho,
que me lo recuerden también ellos

cada día


Berna Wang, Pequeños accidentes caseros
AdamaRamada ediciones, 2004



-Gracias a Emma Gunst por recordarme lo buena-buenísima que es




lunes, 3 de noviembre de 2014

La Maravilla entra en la casa

 Hace unos meses que sigo a Jonathan Carroll. Me encantan sus microtextos, su blog y sus imágenes sobre los contrastes de la vida.  Dejo aquí, con una traducción un tanto de andar por casa, uno de sus últimos textos: "Wonder enters the house" (La Maravilla entra en casa). Resulta reiterativo, pero me maravilla...

 La Paciencia nunca quiere que la Maravilla entre en casa, porque resulta una invitada miserable: exige todo de ti, pero no cuida aquéllo que resulta frágil o irremplazable. Si te duele, se encoge de hombros y continúa adelante. Sin consultar ni preguntar, la Maravilla trae consigo amigos de dudosa reputación como las dudas, los celos y la envidia. Juntos se apoderan de la casa, arrancan la decoración de todas las habitaciones buscando sólo su propia comodidad.
"Protect your magic" (protege tu magia). Graffiti en NY.
 Foto: J. Carroll
Hablan un lenguaje extraño pero no moverán un dedo para traducírtelo o hacerse entender. Preparan alimentos exóticos en tu corazón que dejarán aromas y sabores nuevos e inesperados. Cuando finalmente se marchan no sabrás si te sientes feliz o desolado.
 A la Paciencia (pobre) le toca siempre arreglar el desaguisado...

Enlace al texto original: 
https://medium.com/@JSCarroll/wonder-enters-the-house-4fbbb47bc3e4

miércoles, 10 de septiembre de 2014

La teoría del Cisne Negro

Taleb es profesor de Ciencias de la
 Incertidumbre en la Universidad de Massachusetts.
Pese a lo que muchas veces podamos pensar, en la vida no está todo cuadriculado, ni medido, ni mesurado ni es previsible. Nassim Nicholas Taleb lo demuestra en su teoría sobre el “cisne negro”, una metáfora preciosa sobre el pensamiento alternativo y el impacto de lo altamente improbable en la vida.
¿Qué simboliza esta ave? Antes del descubrimiento de Australia, los europeos creían que todos los cisnes eran blancos. La visión de un ejemplar de un color diferente no sólo supuso una revolución ornitológica; también sirvió para refrendar una máxima del aprendizaje: éste no puede limitarse a la observación o a la experiencia de lo ya conocido porque entonces se vuelve empobrecedor, falso, incompleto. Una sola observación certera fuera de esos márgenes, puede invalidar una afirmación generalizada de milenios.
Taleb, que es matemático y economista, ciñe sus estudios a fenómenos bursátiles y económicos que hicieron saltar por los aires cualquier tipo de previsión, como el crack de 1987 pero avisa que los cisnes sobrevuelan cualquier campo. Así, el triunfo de Google, de Youtube, de Facebook…serían Cisnes Negros. Pero también lo sería el 11S o la ascensión de Obama (es evidente el poso que en el autor ha dejado su residencia en Estados Unidos). Si hablamos de literatura, un cisne negro de primera sería “El Quijote”: un éxito arrollador que pilló por sorpresa a todos y que condujo al exterminio al resto de caballeros andantes.

 ¿Cuáles son sus características? Son tres definitorias:

1.-La rareza. Estos hechos existen fuera de las expectativas definidas como “normales”. 2.-Producen un impacto arrasador que van más allá de su entorno cercano.
3.- Pese a su condición extraordinaria, la naturaleza humana hace que inventemos explicaciones de su existencia después de que hayan ocurrido, transformándolos en explicables y predecibles.

Estos tres puntos son la base de este pensamiento alternativo que se expande y enriquece en cada página. De esta manera, la “no-ocurrencia”también sería un Cisne Negro porque, por  simetría, la ocurrencia de un suceso altamente improbable es equivalente a la no ocurrencia de uno altamente probable. Y así, sigue y sigue, desarrollando contenidos maravillosos y sorprendentes, como la antibiblioteca de Umberto Eco, compuesta por más de 30.000 libros que este escritor no ha leído, puesto que están dedicados a la investigación. Parece que cuanto más lees más sabes y, en realidad, es precisamente al revés de forma que los libros leídos tienen menos valor que los no leídos. Así, nuestra biblioteca debería contener tanto de lo que  no sabemos como los medios económicos nos permitiesen.
Por supuesto, en la vida personal también hay Cisnes Negros que cambian tu vida y Taleb no deja de repetirlo. En cinco años, por mi cielo han pasado cinco cisnes negros. Uno por año. Y son ejemplares majestuosos, terribles, preciosos.
Lo que Taleb no indica es si puedes dejar de verlos, si uno puede obstinarse en ver blanco lo que es negro.
¿Qué sobrevuela tu ventana ahora mismo? Mira a ver...(Por si acaso).


lunes, 26 de mayo de 2014

La levedad y el peso (De Kundera a Cortázar)

(Me levanto del reclinatorio para utilizar en la entrada uno de los capítulos de la obra de Milan Kundera) 
Cuando era más joven, tenía tendencia a clasificar involuntariamente a las personas en dos categorías según dos maneras de vivir y de enfocar la vida. La lectura de “La insoportable levedad del ser” y  de la obra de Julio Cortázar me demostró mi escasa originalidad; pero también que igual no iba tan desencaminada.  He hallado un buen número de blogs que recuperan, revisan, reexplican y reelaboran  la profundidad de los pensamientos de Nietzche, de Parménides, del propio Kundera; pero no he encontrado en la piedra angular de este libro, que sí viene destacada en la contraportada de la edición de Tusquets: “En la vida, todo lo que elegimos por su levedad no tarda en revelar su peso insoportable“. Y supongo que así debe ser porque, en mi caso, con un carácter zascandilero en abstracción permanente, llegué a un punto en que tanta levedad me parecía agónica, insufrible. De tanto hablar, pensar y curiosear en la de los demás, tenía la sensación de que estaba viviendo la vida a través de los ojos de los otros en lugar de apostar por la mía.
Auténtico Cronopio. Julio Cortázar.
Saber si eres peso o levedad es relativamente fácil. De hecho, no hace falta  ahondar mucho en la personalidad de cada uno para averigüarlo. Son las tareas cotidianas las que te clasifican en un grupo u otro: el tiempo que puedes emplear hablando del sofá que acabas de comprarte, el tiempo que empleas en hacer la declaración de la renta, la importancia que le das o no a lo meteorológico y a acarrear el dichoso paraguas todo el día... En el lenguaje de Cortázar, el peso son los Famas: los que van al hotel y averiguan cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. Los Cronopios son la levedad, y quienes encuentran los hoteles llenos, los taxis ocupados y los andenes vacíos. Aún así, son felices.
Ahora que he asumido el peso de la plenitud y que por un curso me he sentido un Fama; me sorprende y asombra mi ligereza, por lo que he vuelto a Kundera y me he reencontrado con otra línea intelectual que defiende la transformación de lo leve en pesado y de lo pesado en ligero, de la inalterabilidad de la existencia del fuero interno de las personas, de un cambio en espejismo para volver al principio, idea con la que siempre he comulgado: la verdadera naturaleza no cambia. Para bien o para mal, llegarás al final de tus días tal y como tu núcleo interno esté moldeado. La nuez protegida es inexpugnable y sus rasgos definitorios apenas se modifican con el paso de los años…Así que qué se le va a hacer: vuelvo a mi levedad. Lo que no voy a permitir es que armar
ios empotrados o cajas de zapatos absorban todo mi oxígeno: “Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro de la pared y ábrete paso porque sí, en el piso de arriba están cantando. Hay un piso de arriba en esta casa, con otras gentes. Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha su piso de abajo. Cuando abra la puerta y me asome a la escalera sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las casas ya sabidas, no el hotel de enfrente; la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire cuando avance un poco más”.

Cada instante puede arrojarse sobre ti como una magnolia.

De “Manual de instrucciones”. 1970. Julio Cortázar.

(Dedicada a Nuria, una mujer libérrima; y a Nacho, una persona de hondo pensamiento sutil y femenino. También  a todos aquéllos que se empeñan en crear a pesar de que su entorno sólo mida 2x2)

jueves, 27 de marzo de 2014

El reino del esplendor

Cuelgo textos medio a escondidas o más bien escondida plenamente en el salón de plenos. Debería estar haciendo otras cosas, debería estar preocupándome de otros asuntos o atendiendo cualquier otra tarea que parece no terminar nunca; pero estoy ahíta de deberes y de sentir que el tiempo se escapa sólo en obligaciones.  En esta reunión soporífera te saco del bolsillo aunque me miren mal (menos mal que no te he dejado en casa). Aquí falta sentido común y sobra economía.
A Suárez también le gustabas.
En la cumbre de la alegría;
por el reino de la dulzura
junto a la umbría deleitable
sobre el reino del esplendor
Tales lugares deseaba
a quien le dijo solamente
que iba con él a donde fuese
sin preguntarle si quería.
La miró mientras caminaban:
está jugando a formar aros
con el humo del cigarrillo;
Tiene un aire de colegiala
cometiendo una diablura
en plena calle y a horas altas;
Pero su paso es mesurado.
No puede haber nada tan bello
aunque es de noche. Ahora se alza
de puntillas para besarle.

De “La noche le es propicia.” 1992.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Miedo al miedo


Tagore, Nobel de Literatura, 1913.
Como persona expansiva y acumulativa, entro en conflicto periódicamente con el espacio sin remedio. En realidad, los problemas los tengo con quienes comparto mi vida. Echo de menos los días en los que escribía como una loca y no tenía que rendirle cuentas a nadie de lo ordenada, vacía o repleta de postits que tenía la mesa…Repleta de postits, de libros, de apuntes, de libretas o de cualquier otro soporte hecho de papel, siempre el querido papel. Ahora, quiera o no, las circunstancias me obligan a clasificar periódicamente material y lecturas y así sonrío al recuperar a “El jardinero” de una caja que sale de mi vivienda de alquiler. Recuerdo con media sonrisa cómo llegó a mis manos: me veo a mí misma errante y feliz por la Feria del Libro; mirando allí y allá, curioseando y tocándolo todo a ser posible cuando una portada llamó mi atención. Era pálida y violeta; y me dijo claramente: “Ábreme, anda”. Tagore me sonaba entonces a sabiduría de azucarillo de café, a frases lapidatorias de calendario escolar. Cuál fue mi sorpresa al encontrar la misma lucidez en el pico de un verso. ¡Lee! -exhortan los profesores-: “Lee porque vivirás más, expandirás tu cultura, conocerás personas y mundos que ampliarán tu limitada existencia…” Y, sin embargo, lo que me impresionó terriblemente fue entender en ese mismo instante lo que Antonio Muñoz Molina denominó “literatura-espejo”: Rabindranaz, fuera de mi tiempo, de mi espacio, de mi edad y de mi cultura, describió a golpe de verso una situación que yo no era capaz de entender, y mucho menos expresar. Sus versos lo ponían todo en orden y situaban en primera línea al miedo.

El miedo al miedo, la gran fuerza paralizante. Si algo parece que vaya a suceder y no ocurre, seguramente él será el responsable. Rabindranaz Tagore, sabio antes que poeta; como Fray Luis.

Felices fiestas.
Anhelo decirte las palabras más profundas que tengo que decirte; 
pero no me atrevo, 
por miedo a que te rías. 
Por eso me río de mi mismo y hago añicos mi secreto en bromas. 
Me río de mi pena, por miedo a que lo hagas tú. 
Anhelo contarte las palabras más verdaderas que tengo que decirte;  
pero no me atrevo, 
por miedo a que no las creas. 
Por eso las disfrazo de mentiras, diciendo lo contrario de lo que quiero decir. 
Hago que mi pena parezca absurda, por miedo a que lo hagas tú. 
Anhelo usar las palabras más preciosas que para ti tengo; 
pero no me atrevo, por miedo a no ser pagado con la misma moneda. 
Por eso te doy nombres duros, y me jacto de mi insensible vehemencia. 
Te causo dolor, por miedo a que no conozcas nunca la pena. 
Anhelo sentarme en silencio a tu lado; 
pero no me atrevo, por miedo a que mi corazón salga a mis labios. 
Por eso charlo y parloteo, y oculto mi corazón tras las palabras. 
Trato con rudeza mi pena, por miedo a que lo hagas tú. 
Anhelo alejarme de tu lado; 
pero no me atrevo, por miedo a que te des cuenta de mi cobardía. 
Por eso llevo alta mi cabeza y acudo con aire indiferente a tu presencia. 
Las constantes punzadas de tus ojos renuevan mi dolor eternamente.

jueves, 12 de septiembre de 2013

La disciplina de la imaginación

Cortesía Antonio Muñoz Molina.
Me he pasado buena parte del verano buscando recursos para enseñar literatura. Y durante este periplo, a la cabeza me venía constantemente una de las máximas del periodismo: tan malo es no tener información como el exceso de la misma porque en este caso se produce irremediablemente el  “black out”, el fundido en negro; en el que el receptor deja de prestar atención porque se encuentra saturado por el aluvión de datos. Justo antes de caer noqueada, me encontré de casualidad una frase que me despertó de golpe por su extraordinaria contundencia y sensibilidad:

"La literatura nos enseña a mirar dentro de nosotros y mucho más lejos del alcance de nuestra mirada. Es una ventana y también un espejo. Quiero decir: es necesaria. Algunos puritanos la consideran un lujo. En todo caso, es un lujo de primera necesidad"


El texto íntegro (demasiado extenso para reproducirlo) se puede encontrar en este enlace: http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/2011/10/la-disciplina-de-la-imaginacion/ Si has llegado hasta aquí, por favor, clica y échale un vistazo. Antonio Muñoz Molina escribió este discurso en 1990. En él da un repaso a la tremenda brecha que se ha producido entre cultura y educación que ha conseguido vaciar por igual las aulas y los centros culturales; entiende la literatura como un elemento tan vital para la vida como el aire o los amigos; y la amplía no sólo a la producción de escritores reconocidos, sino al valor que tiene cualquier persona que intente fomentar el valor de la lectura, ya sea un profesor o un padre. Leer es vida, pero no sirve para esconderse de ella, y pone el dedo en la llaga en la imaginación como la esencia de la creación literaria. 
Anima a ser valiente, a salirse de la cuadrícula, a no dejarse asfaltar por la consigna de “convertirse en un hombre de provecho”. Sus palabras me han servido para olvidarme de las figuras retóricas y orientar las clases de otra manera, porque no aguanto y no entiendo cómo algunos profesores puedan decir: “Menudo espanto dar todo el año literatura”. Que salga el sol por Antequera.

jueves, 11 de julio de 2013

Verano Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina nunca me ha sido indiferente, pero le conocía más por los artículos periodísticos y por los comentarios que de él hacía su mujer, que por su obra:

“Ése es el profesor al que quieren sus alumnos, el que trata de contagiarles su vieja pasión por la literatura y de no desalentarles en su sueño por vivir algún día de este oficio raro”
“Y ése es Antonio, que anda como flotando, el mismo que toma notas mirando al Hudson, porque espera sentarse un día a escribir un libro dedicado exclusivamente a este río…”
“…quien lleva siempre a cuestas una mochila para transportar los libros que lee en el metro, pero también porque sueña con encontrar alguna rareza en los parques…”
" El Smoke es ese club de jazz que Antonio siempre soñó tener en el mismo barrio en el que viviera..."

Ni qué decir tiene que a mí sin conocerle en absoluto me caía fenomenal, con la mala conciencia de haberme aproximado a su obra de puntillas. Pero el otro día, entré en Abacus y me llamó poderosísimamente la atención la portada de un libro: en ella destacaban los rasgos afilados y picudos de las mayúsculas de los apellidos, justo como los dientes de un depredador. Estaban situadas sobre un fondo rojo sangre exactamente por encima de un ojo sin pupila que había sido sustituída por una luna verdosa y sombría.
Y yo, que no juzgo a nadie por el exterior, pero que sí que me dejo atrapar por un buen diseño de carátula o de portada, me metí a “Plenilunio” en el bolsillo y me ha dejado eclipsada totalmente. Por el ascazo que me ha provocado el asesino, por los sentimientos gemelares de Susana Grey hacia su ciudad, por la profundidad de ciertos procesos mentales y por el interesante movimiento de la novela que, como el satélite, rota y se traslada a la vez, ahondando poco a poco en los detalles de lo sucedido y haciendo avanzar la historia al mismo tiempo.
En fin, que tengo a Sefarad, y al jinete arañando y pifiando en mi puerta.
Visitar su web en pleno verano resulta refrescante y enriquecedor (http://antoniomuñozmolina.es ). Me gustan desde las imágenes de su álbum profesional y familiar, hasta el blog de los lectores en el que aprieto el ánimo para escribir dos líneas...


¿Estos dos no me adoptarán? 

sábado, 18 de mayo de 2013

Cisnes negros

Reproduzco un fragmento de Gabriel García de Oro que me ha llamado la atención. Ha sido publicado en el suplemento dominical de El País bajo el título “Las predicciones fallan” Y creo que me ha golpeado tanto porque exalta mi sensación de que nado a contracorriente. Si bien todo el mundo con dos dedos de frente me dice que ante el caos existencial sólo el orden puede salvarte; yo siento de nuevo que esta estructura falla. Que hago un esfuerzo sobrehumano para crear una cuadrícula endeble que no sirve para nada, porque se vendrá abajo por un pelito descontrolado, como diría Julio Cortázar. En fin, la única concesión que hago con gusto al orden –que voy a hacer con gusto-es prometerme a mí misma levantarme a las 6 para intentar avanzar el blog, para imponerme una disciplina y, de paso, airear el pensamiento aprovechando la casa sosegada. También me prometo leer a fondo a Nicholas Taleb y de meterme a fondo con las enseñanzas de Carlos Castaneda, que tantas veces me recomendó Nacho. Ahora sé que soy buena detectora de los cisnes negros. Lo que no dice el artículo es que no hay que espantarse de ellos y que es necesario armarse de paciencia para verlos volar con todo su esplendor.

“La gran mayoría de nosotros acertaríamos con las predicciones cotidianas, pero no aportan información relevante. Sin embargo, alguien aún no sabe que mañana, lunes, le sonará el despertador a las 7.30 h. Se levantará diez minutos más tarde y al ir a tomar un café se cruzará con un amor que transformará su vida. Este acontecimiento es lo que Nassim Nicholas Taleb denomina un cisne negro; es decir, algo inesperado y extraño, absolutamente impredecible y de un impacto tan extremo que cambia el rumbo y el devenir de la existencia” Si pensamos en las cosas más significativas y relevantes de nuestra existencia, vemos que se tratan de auténticos cisnes negros; es decir, total y absolutamente impredecibles, fuera de todo plan o propósito previo” (…) Lo inesperado nos produce ansiedad. Pero en el fondo tampoco es deseable en absoluto una vida predecible, una pareja predecible, un trabajo predecible…Pocas personas querrían conocer exactamente lo que va a ocurrirles en los próximos años, incluso en los próximos días. Sería trágico y, lo que es peor, aburrido.

Ante dos caminos, elija el que tiene corazón. Esta grase, extraída de “Las enseñanzas de Don Juan”, de Carlos Castaneda, nos recuerda que en el fondo sabemos aquello que conecta con nosotros, nuestros principios y expectativas. Siempre hay un camino que reconocemos como nuestro (…)

Lo importante siempre escapa al análisis. Los científicos las llaman intangibles o variedades ocultas. Existen circunstancias que por más vueltas que les demos, escapan a nuestro control. Por esa razón es tan importante que hagamos caso a nuestro corazón o, para los menos románticos, nuestra intuición".