martes, 25 de agosto de 2026

Cuidado con los merodeadores de agosto

 Qué alegría tengo al escribir porque sí. Sin ayuda ni incentivo de ningún tipo. Hay que extremar la vigilancia en las viviendas. Siempre hay alguien vigilando. 

Claro que es la casa indicada. Los compañeros así me lo han indicado, ronda tras ronda, pero yo bien lo sé. ¡Conozco la casa de sobra! Además, hoy hay luna nueva, de manera que la oscuridad es mi aliada. No creo que tenga problemas en entrar. Conozco la casa lo suficiente para saber que tiene dos entradas. La principal no es segura; el camino está demasiado iluminado y despejado; pero la puerta trasera suelen dejársela abierta y, a través del seto de la vivienda lateral, el acceso es relativamente fácil. El muro es muy bajo. Puede salvarse con un salto sin complicaciones. Es una casa de una familia confiada. Alllá voy.Ale-hop. Listo. Ya estoy dentro de la parcela. Desciendo hasta el césped con cuidado por el tronco leñoso de la hiedra.

¡Vaya! El perro de los vecinos comienza a ladrar. Qué fastidio. Ya me ocuparé de él más tarde. ¡Será mejor que me apresure!

Cruzo el jardín como una sombra y llego al edificio pegándome a la pared.

Efectivamente la puerta está abierta y todo tranquilo. Esto va a ser pan comido. Empiezo a relamerme.

Click. Suena súbitamente el interruptor de la luz. Maldita sea, ¡me han descubierto!

-¡Marquesa! ¡Mala, mala y mala! Te has vuelto a escapar. Venga, no me pongas esa cara.  Ahora mismo te llevo de vuelta. Me parece que estás harta de ese pienso, ¿verdad? Te voy a poner un plato de leche. No, no, no me pongas esos ojos. El pastel de atún no está todavía…