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miércoles, 12 de julio de 2023

Diez años

 

En la tranquilidad del confinamiento

Una tarde, y por un instante,

Volví a tener doce, once, diez años.

Volví a a las tardes de verano de niña

en las que nada se tragaba mi tiempo.

Era inabarcable, inacabable e infinito

Y, por aburrimiento, me sobraba todo

(Ese que ahora me falta)

Era la tarde bajo el chisporroteo de las golondrinas.

Era el tiempo marcado por la campana de la iglesia.

Era el ganchillo de mi abuela, arriba y abajo,

al paso de las parejas que enfilaban la carretera para pasear.

El olor a tormenta, a casa vacía.

La ausencia de los hombres que estaban en el campo,

la fiesta de la fruta de verano.

Por eso, y desde de los trece años,

No he vuelto a aburrirme jamás.

No he vuelto a estar tan sola.

A veces lo echo de menos.

A veces pienso que esos días los llevo dentro.

lunes, 10 de abril de 2017

Tres silencios de Estellés

Yo, que sé poner cara de perro a tiempo, que grito y me desgañito con furia, sé que tengo un interior blandito como un queso. Me pongo a llorar a mares con los temas bélicos, por eso siempre los he evitado de puntillas, pero este año me he arremangado a la fuerza para meterle mano a la Segunda Guerra Mundial. Disparo al centro de los chavales con lo que encuentro, porque no entiendo cómo se puede enseñar enredando con cifras y fechas sino desde la estrategia y la desesperación.

De rebote, rebuscando en la Fnac para salirme de lo de siempre, me he encontrado con Dulce Chacón a quien he dejado entrar por la situación. Con ella, me he metido en Las Ventas y he conocido a Julia Conesa  ("Que mi nombre no se borre de la historia"). Leyéndola me viene a la memoria mi abuelo Paco: no le veo desde hace veinticinco años y es como si lo tuviera aquí delante mismo, con su boina negra y su sonrisa desdentada. Nunca hablaba de la guerra. Cuando le rondaban los recuerdos, escribía y silbaba. Estaba lleno de silencios. A su manera, hizo una digestión muy pesada sin amargura. El tiempo no consiguió que olvidase su pasión por la política, por la democracia, por los toros y por la tierra. Los veranos con él eran los ribazos, los paseos por el campo y una casa en la que yo también me sentía muy perdida. Hoy me encuentro con otros vacíos que sí son de auténtica tristeza: madres que no hablan con sus hijas. Las dejaron al otro lado del Atlántico con dos años. Se reencuentran diez años más tarde y se han convertido en extrañas. "El problema no es la violencia, ni las cuestiones económicas, ni las familias desestructuradas. El problema son los niños que llegan a casa y no tienen a nadie con quien hablar" (Bertrand Tabernier: "Hoy empieza todo")
Estos silencios también los hizo verso Estellés. Siendo todos el mismo, en el fondo son tres distintos y yo los siento en cada serifa.

I 

ha vingut la meua cosina
i m'ha dut un disc de Raimon

cantava raimon
i cantava la pedra i el vent

oprimia jo la ma d'isabel

en acabar el disc
la meua cosina estava plena d'alegria,
isabel i jo ploràvem

quan voldran els déus o qui siga
que acabe esta situació.

arraparia les parets.

Isabel se n'ha anat a la cuina

i m'ha dut un got d'aigua

II 
(AVUI QUE FARIA SIS MESOS)

Ara, que és ben de nit, filla meua, oldria
netejar-me bé els ulls, ja saps, amb aigua i sal,
rentar-me bé els ulls i llavar-me les mans,
refregant-les després en un rastell ben aspre,
filla meua, i posar-me darrerament a escriure't,
així, senzillament, com qui es menja una poma,
com qui es rasca un genoll, com qui xiula al capvespre,
tot així, filla meua, ací, en aquest racó
de la casa, la casa en silenci, la casa
sense tu, filla meua. Ja no sé què et vull dir,
jo no sé si et vull dir quelcom, jo no sé res,
jo només sé que vull parlar amb tu, romandre
així, tota la nit, tota la vida, tota
la nit, aquesta it sense tu, filla meua,
oh quina nit més gran, ja saps: la nit dels hòmens.
I ací estic, i t'escric paraules i paraules,
vaig fent ratlles paraules, coses i coses, coses,
no sé ben bé què són. 

III

jo escrivia, assegut a la taula,
i tu, dempeus darrere meu,
miraves el signes que traçava jo
com si anasses llegint-los
o patint-los,
no ho sé.

de vegades em demanaves que et llegís allò que jo havia escrit.

no ho entenies però ho intuïes.

el meu llatí ja  no era el teu llatí.
i callaves després.

ara,
mentre escric açò,
et sent al meu darrere, a les meues espatles,
et tinc o et necessite.
per això he interromput un himne a venus
i t'he escrit açò
molt devotament,
pare

lunes, 16 de enero de 2017

El rap de Sebastián

El día es entrar en el aula sin libro, sin portátil, sin motivación, sin disciplina externa ni interna, sin materiales de apoyo y con un espacio saturado. Dar clases con chavales marcados por el abandono, por las drogas químicas y con un cerebro intoxicado por la tecnología no es un milagro; es una gincana alucinante que te hace replantearte, imaginar, salirte del cuadro y agarrarte a un clavo ardiendo para conseguir mantener su atención durante cinco minutos. No cuento nada que no le haya sucedido a cualquier docente en sus años de trabajo. Me pasa ahora en un grupo en el que si lees el currículum de los estudiantes y escuchas su trayectoria personal, lo increíble es que sigan adelante y sigan vivos.
Así que el otro día, dándole vueltas a las letras de Nach, se me ocurrió hacer un concurso de rap. Y llegó Sebastián Jurado. Se plantó al lado de la mesa del profesor, escribió y recitó "La calle" y me pareció que, claramente, estos versos debían estar en el blog. Si eres profesor, tienes aspiraciones poéticas o literarias, o sencillamente te interesa este estilo musical  puede que lo consideres pueril, inmaduro, sin mensaje, con las rimas traídas por los pelos y con un ritmo mal marcado. Sin embargo, también contiene referencias a la NBA (Lebron es LeBron James, el alero de los Cleveland Cavaliers) y con metáforas que sólo entiendes si te has asomado un poco a la vida de quien lo ha escrito:  Sebastián "fuma verde sólo con la mitad de su corazón" porque consume marihuana con el remordimiento de quien sabe que si quiere cumplir su sueño de llegar a ser militar, debe dejarlo. Utiliza el término "bribón" aprendido en clase (evita un taco, tan habitual en estas composiciones) y tan alejado de su léxico habitual como el concepto químico "reacción exotérmica". Y con una combinación ocasional de carambola fusiona el faraón con la Ciencia Ficción con la suficiente fuerza evocadora como para hacerme pensar en la serie StarGate de los noventa. Así que sí, aquí está. Aunque sólo sea para recordarme a mí misma que hay veces en los que sí trabajan, aprenden y están motivados.
No dejo de pensar en el curriculum de FP Básica que indica con toda la seriedad del mundo que debo empezar el apartado dedicado a la historia por la Segunda República. 
¿Alguien más, por favor, piensa que hay cosas que podrían hacerse un poco mejor?

LA CALLE

Traigo rap para esta ocasión,
fumo verde con la mitad de mi corazón.
Tengo más poder que un faraón,
soy pura Ciencia Ficción.

No quieras que te acribille en un callejón,
meto triples como Lebrón.
Di que soy un bribón,
de mí no se esconden en ningún rincón
porque les fumigo desde mi avión.
Por mi familia ocasionaría el Armagedón.

martes, 7 de junio de 2016

No te detengas

Walter (Walt) Whitman (1819-1892), padre de la poesía norteamericana, polémico y librepensador. Algunos dicen que este poema no lo escribió él, sino que es un suma y sigue del guión de la película "El Club de los poetas muertos". De hecho, la figura y la voz del profesor Keating se basa en frases, versos y pensamientos que sí pronunció el poeta. Así que, me da igual si fue antes el huevo o la gallina. Con su permiso, Mister Whitman, me lo pienso beber a sorbos este verano.
No permitas que la vida te pase sin vivirla. 

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
Whitman en Boston, hacia 1860.
Cortesía Whitman Archives.
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabas y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores;
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros:
los “poetas vivos”.

No permitas que la vida te pase sin vivirla.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Contribución a la estadística

¡Cuánto necesitaba encontrar la sorpresa en un poema! El objetivo este año para cualquiera: salir del grupo del ochenta y tres; y entrar de cabeza en el de veintitantas.

De cada cien personas, 
las que todo lo saben mejor:
Szymborska, Nobel de Literatura en 1996. Cortesía Reuters.
cincuenta y dos.
Las inseguras a cada paso:
casi todo el resto.

Las prontas a ayudar,
siempre que no dure mucho:
hasta cuarenta y nueve.
Las buenas siempre,
porque no pueden de otra forma:
cuatro, o quizá cinco.

Las dispuestas a admirar sin envidia:
dieciocho.
Las que viven continuamente angustiadas
por algo o por alguien:
setenta y siete.

Las capaces de ser felices:
como mucho veintitantas.
Las inofensivas de una en una,
pero salvajes en grupo:
más de la mitad seguro.

Las crueles,
cuando las circunstancias obligan:
eso, mejor no saberlo,
(ni siquiera aproximadamente)
Las sabias a posteriori:
no muchas más
que las sabias a priori.

Las que de la vida no quieren más que cosas:
cuarenta.
Aunque quisiera equivocarme,
las encorvadas, doloridas 
y sin linternas en lo oscuro:
ochenta y tres.

Tarde o temprano,
las dignas de compasión:
noventa y nueve.
Las mortales:
cien de cien.
Cifra que por ahora no sufre ningún cambio. 

Wislawa Szymborska
Contribución a la estadística

jueves, 14 de mayo de 2015

Pequeños accidentes caseros

"Berna Wang reflejada en un Millares"
Foto: Francisco Javier Garín.
Museo Abstracto de Cuenca.
A Berna la sigo desde que su “Mirada oblicua” detenía mis salidas explosivas camino al trabajo. Afilaba (y afinaba) la oreja e intentaba recordar o garrapatear donde podía sus poemas, sus pensamientos, sus versos breves cercanos al haikú que me conmovían por su intensa expresividad y que después intentaba utilizar para enriquecer y engraciar (me temo que me invento esta palabra) mis artículos sobre la actualidad gris.Si bien su espacio en RNE terminó en el 2008, en el espacio han quedado los últimos post que se emitieron (“En el cielo de Madrid “sólo” se ve Júpiter) y que he enlazado junto a otros blogs que también escribía. Es diferente y profunda; sabe dar  la vuelta a la cotidianidad para saborearla desde otra perspectiva. Siempre sienta bien aunque, en esta ocasión, sepa a desamor.
Publica, Berna, ¡publica! Desde aquí se te echa MUCHO de menos.
(Yo también hablo con los objetos).

Me hice un tajo en un dedo cuando cocinaba.
Luego me despellejé otro dedo al abrir la botella.
Hoy me he raspado la pierna con el pico de la mesita.
Así que me he puesto seria:
he reunido en asamblea a todos los objetos de mi casa
y les he dicho que ya sé
que me muero de pena,
que tengo el corazón en carne viva.
Que ya sé
que no soy más que una herida que sangra tristeza,
que hasta respirar me duele porque él no me ama
como le amo yo;
en fin: que no hace ninguna falta, les he dicho,
que me lo recuerden también ellos

cada día


Berna Wang, Pequeños accidentes caseros
AdamaRamada ediciones, 2004



-Gracias a Emma Gunst por recordarme lo buena-buenísima que es




viernes, 27 de marzo de 2015

Primavera Celaya, primavera



Me he encontrado con una hora libre, una hora que a la vez me sabe a poco y me sabe a gloria; así que escribo contenta y brillante con una alegría que me corre por las venas y que se me desparrama por los cuatro costados.

"Repitámoslo. Recémoslo: Nadie es nadie"


 Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.


Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,

para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.


Me encuentro a la vez con estos versos y con  la primavera agazapada detrás de la pantalla. Celaya ha estornudado sobre mí, sobre mi teclado, lo ha dejado todo oliendo a vida plena y consigue que me olvide del  gris denso que tengo en mi espalda. Oreo el aire como un animal, siento este frío que ya no lo es tanto, y  Montse, los dosieres y el eterno retorno se disuelven, porque Celaya está aquí gritándome, diciéndome lo que ya sabía: ¡mantén tu alma disponible, vete con las nubes! Los grandes ventanales de la Sala no pueden contener este ímpetu vital.

¡Cómo es posible que nadie más la sienta!.




Mayo entra y sale desde un aula de diversidad.
Cuando salgo a la calle silbando alegremente
--el pitillo en los labios, el alma disponible--
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican de alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que siente?

 

Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarse en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?

Fragmentos de La poesía es un arma cargada de futuro (Cantos Íberos) y Momentos felices (De claro en claro)

"La poesía no es un fin en sí. La poesía es un instrumento, entre otros, para transformar el mundo. No busca una posteridad de admiradores. Busca un porvenir en el que, consumada, dejará de ser lo que hoy es." 
(Historia de mis libros-Itinerario poético, 1975)

jueves, 18 de diciembre de 2014

Mural literario



Escribo poquísimo sobre aquéllo que hago en clase. En realidad, si fuese exacta, debería decir "qué poco escribes" (¡y espabila!). Sin embargo, hoy- ¡hoy!- me decido a desarrollar por aquí una idea con la que cierro el curso. He abierto un muro/mural sobre literatura en el aula. Se trata de que los chavales escribiesen directamente sobre el papel fragmentos de novelas, de cuentos, de poemas que les emocionasen, espantasen, asqueasen o entristeciesen: historias que les acompañaran y que formaran ya parte de su vida.

Encabeza el "mur literari" Muñoz Molina. 1 A de Bachillerato.
 ¿Y qué me he encontrado? Canciones de Rihanna, frases de James Dean, Evanescente y Peter Pan.  Lo más sorprendente no ha sido que confundiesen literatura con la cantante de Barbados; sino que esta convocatoria, que también estaba abierta a los profesores, ha sido acogida con la nada por parte de los docentes. Después de escuchar mil explicaciones a la apatía, he llegado a la conclusión de que a muchos se les acabó el viaje hace tiempo.  Yo, que podría llenar el mural sola en un momentito, me he decantado al final por Konstantinos, a quien llegué gracias a Carmen Garrigós. Esta enfermera me enseñó que, aunque pases largas temporadas sin visitarlo, un continente (como ocurre con la literatura) puede impregnarte sin remisión, sin solución,  sin medicina posible.

 Por Siempre Jamás, Kavafis:



“Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,

si no los yergue tu alma ante ti"

Ithaka (fragmento)




¿Y qué decía Peter de interesante?: "No crezcas (Es una trampa)"
Pues viendo mi entorno, a veces pienso que tiene toda la razón. 


(Gracias Fina por participar con Savater y Auster.)
-Pide que tu viaje sea largo.

jueves, 16 de octubre de 2014

Elige encenderte


Me encuentro en la contra de La Vanguardia con una entrevista a Víctor Gómez Pin (filósofo) que expresa meridianamente lo que vengo pensando desde hace tiempo.  Reproduzco un fragmento a modo de diálogo, elimino el formato entrevista y que ajusta como molde a las palabras de José Hierro. Pin habla desde el presente; Hierro desde una distancia de cuarenta años.

 
 

 -No nos quejemos que, al menos, tenemos trabajo.

-Esa frase que se oye por doquier es espantosa.

-Ni patalear puedes.

-Que la dialéctica entre trabajo embrutecedor y pavor a perder ese vínculo esclavo se haya convertido en el problema esencial de la existencia es insoportable.

-Desolador.

-A la polaridad trabajo embrutecedor y ocio más embrutecedor todavía, yo opongo un trabajo en el cual fertilizas tu condición como ser humano, y la fiesta.

-Fiesta en lugar de ocio… interesante.

-Sí, porque no tiene nada que ver con el escapismo ni con el ocio embrutecedor.

-Es difícil que todos desempeñemos un trabajo que nos satisfaga.

-Hay que barrer las calles, de acuerdo, pero que haya una persona cuyo único destino sea barrer las calles doce horas y que tenga como complemento el mando de la tele para hacer zapping es una tristeza.

José Hierro. Cervantes, 1998.
El mando de la tele o ciclarse durante horas en un gimnasio, dialogando con una máquina. O salir de las aulas para emborracharse delante de un videojuego.
Es de una tristeza miserable comprobar que una gran parte de la humanidad no tiene derecho a nada más que a sobrevivir. Y aquí, desde 1974 entra como un sable José Hierro. El material potente de su apellido se aplica igualmente a sus palabras. De lo alienante, a la emoción gloriosa que precede a la fase creadora, a las puertas luminosas, a las criaturas, al Libro de las Alucinaciones:
“La poesía es para mí una cosa tan importante que no puedo menos de irritarme cuando compruebo en qué poco quedó aquello tan hermoso que concebí. Es la misma distancia que separa al fuego real de un fuego pintado. Reconozco que es una extraña  forma de orgullo ésta de creerme superior a lo que soy. La lectura masiva de mis poemas, y su comparación inconsciente con la emoción que fue su germen , me ha producido rubor. El mismo que sentimos, al día siguiente de una borrachera feliz e inconsciente, cuando nos recuerdan las ridiculeces que hicimos”.

Sin ternuras, que entre nosotros
sin ternuras nos entendemos.
Sin hablarnos, que las palabras
nos desaroman el secreto.
¡Tantas cosas nos hemos dicho
cuando no era posible vernos!
¡Tantas cosas vulgares, tantas

cosas prosaicas, tantos ecos
desvanecidos en los años,
en la oscura entraña del tiempo!
Son esas fábulas lejanas
en las que ahora no creemos.
(“Alegría”. 1947)

 Por favor, elige un verso a una pesa. Elige un poema al botón de encendido que, en realidad, te apaga. Elige encenderte. Elige retroceder para avanzar.

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