lunes, 26 de mayo de 2014

La levedad y el peso (De Kundera a Cortázar)

(Me levanto del reclinatorio para utilizar en la entrada uno de los capítulos de la obra de Milan Kundera) 
Cuando era más joven, tenía tendencia a clasificar involuntariamente a las personas en dos categorías según dos maneras de vivir y de enfocar la vida. La lectura de “La insoportable levedad del ser” y  de la obra de Julio Cortázar me demostró mi escasa originalidad; pero también que igual no iba tan desencaminada.  He hallado un buen número de blogs que recuperan, revisan, reexplican y reelaboran  la profundidad de los pensamientos de Nietzche, de Parménides, del propio Kundera; pero no he encontrado en la piedra angular de este libro, que sí viene destacada en la contraportada de la edición de Tusquets: “En la vida, todo lo que elegimos por su levedad no tarda en revelar su peso insoportable“. Y supongo que así debe ser porque, en mi caso, con un carácter zascandilero en abstracción permanente, llegué a un punto en que tanta levedad me parecía agónica, insufrible. De tanto hablar, pensar y curiosear en la de los demás, tenía la sensación de que estaba viviendo la vida a través de los ojos de los otros en lugar de apostar por la mía.
Auténtico Cronopio. Julio Cortázar.
Saber si eres peso o levedad es relativamente fácil. De hecho, no hace falta  ahondar mucho en la personalidad de cada uno para averigüarlo. Son las tareas cotidianas las que te clasifican en un grupo u otro: el tiempo que puedes emplear hablando del sofá que acabas de comprarte, el tiempo que empleas en hacer la declaración de la renta, la importancia que le das o no a lo meteorológico y a acarrear el dichoso paraguas todo el día... En el lenguaje de Cortázar, el peso son los Famas: los que van al hotel y averiguan cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. Los Cronopios son la levedad, y quienes encuentran los hoteles llenos, los taxis ocupados y los andenes vacíos. Aún así, son felices.
Ahora que he asumido el peso de la plenitud y que por un curso me he sentido un Fama; me sorprende y asombra mi ligereza, por lo que he vuelto a Kundera y me he reencontrado con otra línea intelectual que defiende la transformación de lo leve en pesado y de lo pesado en ligero, de la inalterabilidad de la existencia del fuero interno de las personas, de un cambio en espejismo para volver al principio, idea con la que siempre he comulgado: la verdadera naturaleza no cambia. Para bien o para mal, llegarás al final de tus días tal y como tu núcleo interno esté moldeado. La nuez protegida es inexpugnable y sus rasgos definitorios apenas se modifican con el paso de los años…Así que qué se le va a hacer: vuelvo a mi levedad. Lo que no voy a permitir es que armar
ios empotrados o cajas de zapatos absorban todo mi oxígeno: “Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro de la pared y ábrete paso porque sí, en el piso de arriba están cantando. Hay un piso de arriba en esta casa, con otras gentes. Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha su piso de abajo. Cuando abra la puerta y me asome a la escalera sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las casas ya sabidas, no el hotel de enfrente; la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire cuando avance un poco más”.

Cada instante puede arrojarse sobre ti como una magnolia.

De “Manual de instrucciones”. 1970. Julio Cortázar.

(Dedicada a Nuria, una mujer libérrima; y a Nacho, una persona de hondo pensamiento sutil y femenino. También  a todos aquéllos que se empeñan en crear a pesar de que su entorno sólo mida 2x2)

jueves, 27 de marzo de 2014

El reino del esplendor

Cuelgo textos medio a escondidas o más bien escondida plenamente en el salón de plenos. Debería estar haciendo otras cosas, debería estar preocupándome de otros asuntos o atendiendo cualquier otra tarea que parece no terminar nunca; pero estoy ahíta de deberes y de sentir que el tiempo se escapa sólo en obligaciones.  En esta reunión soporífera te saco del bolsillo aunque me miren mal (menos mal que no te he dejado en casa). Aquí falta sentido común y sobra economía.
A Suárez también le gustabas.
En la cumbre de la alegría;
por el reino de la dulzura
junto a la umbría deleitable
sobre el reino del esplendor
Tales lugares deseaba
a quien le dijo solamente
que iba con él a donde fuese
sin preguntarle si quería.
La miró mientras caminaban:
está jugando a formar aros
con el humo del cigarrillo;
Tiene un aire de colegiala
cometiendo una diablura
en plena calle y a horas altas;
Pero su paso es mesurado.
No puede haber nada tan bello
aunque es de noche. Ahora se alza
de puntillas para besarle.

De “La noche le es propicia.” 1992.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Miedo al miedo


Tagore, Nobel de Literatura, 1913.
Como persona expansiva y acumulativa, entro en conflicto periódicamente con el espacio sin remedio. En realidad, los problemas los tengo con quienes comparto mi vida. Echo de menos los días en los que escribía como una loca y no tenía que rendirle cuentas a nadie de lo ordenada, vacía o repleta de postits que tenía la mesa…Repleta de postits, de libros, de apuntes, de libretas o de cualquier otro soporte hecho de papel, siempre el querido papel. Ahora, quiera o no, las circunstancias me obligan a clasificar periódicamente material y lecturas y así sonrío al recuperar a “El jardinero” de una caja que sale de mi vivienda de alquiler. Recuerdo con media sonrisa cómo llegó a mis manos: me veo a mí misma errante y feliz por la Feria del Libro; mirando allí y allá, curioseando y tocándolo todo a ser posible cuando una portada llamó mi atención. Era pálida y violeta; y me dijo claramente: “Ábreme, anda”. Tagore me sonaba entonces a sabiduría de azucarillo de café, a frases lapidatorias de calendario escolar. Cuál fue mi sorpresa al encontrar la misma lucidez en el pico de un verso. ¡Lee! -exhortan los profesores-: “Lee porque vivirás más, expandirás tu cultura, conocerás personas y mundos que ampliarán tu limitada existencia…” Y, sin embargo, lo que me impresionó terriblemente fue entender en ese mismo instante lo que Antonio Muñoz Molina denominó “literatura-espejo”: Rabindranaz, fuera de mi tiempo, de mi espacio, de mi edad y de mi cultura, describió a golpe de verso una situación que yo no era capaz de entender, y mucho menos expresar. Sus versos lo ponían todo en orden y situaban en primera línea al miedo.

El miedo al miedo, la gran fuerza paralizante. Si algo parece que vaya a suceder y no ocurre, seguramente él será el responsable. Rabindranaz Tagore, sabio antes que poeta; como Fray Luis.

Felices fiestas.
Anhelo decirte las palabras más profundas que tengo que decirte; 
pero no me atrevo, 
por miedo a que te rías. 
Por eso me río de mi mismo y hago añicos mi secreto en bromas. 
Me río de mi pena, por miedo a que lo hagas tú. 
Anhelo contarte las palabras más verdaderas que tengo que decirte;  
pero no me atrevo, 
por miedo a que no las creas. 
Por eso las disfrazo de mentiras, diciendo lo contrario de lo que quiero decir. 
Hago que mi pena parezca absurda, por miedo a que lo hagas tú. 
Anhelo usar las palabras más preciosas que para ti tengo; 
pero no me atrevo, por miedo a no ser pagado con la misma moneda. 
Por eso te doy nombres duros, y me jacto de mi insensible vehemencia. 
Te causo dolor, por miedo a que no conozcas nunca la pena. 
Anhelo sentarme en silencio a tu lado; 
pero no me atrevo, por miedo a que mi corazón salga a mis labios. 
Por eso charlo y parloteo, y oculto mi corazón tras las palabras. 
Trato con rudeza mi pena, por miedo a que lo hagas tú. 
Anhelo alejarme de tu lado; 
pero no me atrevo, por miedo a que te des cuenta de mi cobardía. 
Por eso llevo alta mi cabeza y acudo con aire indiferente a tu presencia. 
Las constantes punzadas de tus ojos renuevan mi dolor eternamente.

jueves, 21 de noviembre de 2013

20 minutos

Gloria se encontró anoche con una chica abandonada justo en la puerta del instituto. Le habían propinado una paliza. Sangraba y no podía hablar. “Cuando consigo que mis alumnos lean y escriban 20 minutos. Son 20 minutos que esa chica no está sola y desamparada encima de la acera”.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Porque sí

Un respiro, un chisporroteo de luz, espuma, agua.
Deslizo los dedos por el teclado por puro placer, sin más intención que sentir las teclas bajo mis yemas y escuchar esta intermitencia. Mmmm, qué gusto…qué ganas. Escribo por escribir, sin querer decir nada. Escribo para abrir la ventanta, porque me hace bien, porque lo necesitaba. Qué mono de unir letras para airear la casa.

Hoy escribo porque sí.

jueves, 12 de septiembre de 2013

La disciplina de la imaginación

Cortesía Antonio Muñoz Molina.
Me he pasado buena parte del verano buscando recursos para enseñar literatura. Y durante este periplo, a la cabeza me venía constantemente una de las máximas del periodismo: tan malo es no tener información como el exceso de la misma porque en este caso se produce irremediablemente el  “black out”, el fundido en negro; en el que el receptor deja de prestar atención porque se encuentra saturado por el aluvión de datos. Justo antes de caer noqueada, me encontré de casualidad una frase que me despertó de golpe por su extraordinaria contundencia y sensibilidad:

"La literatura nos enseña a mirar dentro de nosotros y mucho más lejos del alcance de nuestra mirada. Es una ventana y también un espejo. Quiero decir: es necesaria. Algunos puritanos la consideran un lujo. En todo caso, es un lujo de primera necesidad"


El texto íntegro (demasiado extenso para reproducirlo) se puede encontrar en este enlace: http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/2011/10/la-disciplina-de-la-imaginacion/ Si has llegado hasta aquí, por favor, clica y échale un vistazo. Antonio Muñoz Molina escribió este discurso en 1990. En él da un repaso a la tremenda brecha que se ha producido entre cultura y educación que ha conseguido vaciar por igual las aulas y los centros culturales; entiende la literatura como un elemento tan vital para la vida como el aire o los amigos; y la amplía no sólo a la producción de escritores reconocidos, sino al valor que tiene cualquier persona que intente fomentar el valor de la lectura, ya sea un profesor o un padre. Leer es vida, pero no sirve para esconderse de ella, y pone el dedo en la llaga en la imaginación como la esencia de la creación literaria. 
Anima a ser valiente, a salirse de la cuadrícula, a no dejarse asfaltar por la consigna de “convertirse en un hombre de provecho”. Sus palabras me han servido para olvidarme de las figuras retóricas y orientar las clases de otra manera, porque no aguanto y no entiendo cómo algunos profesores puedan decir: “Menudo espanto dar todo el año literatura”. Que salga el sol por Antequera.

jueves, 11 de julio de 2013

Verano Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina nunca me ha sido indiferente, pero le conocía más por los artículos periodísticos y por los comentarios que de él hacía su mujer, que por su obra:

“Ése es el profesor al que quieren sus alumnos, el que trata de contagiarles su vieja pasión por la literatura y de no desalentarles en su sueño por vivir algún día de este oficio raro”
“Y ése es Antonio, que anda como flotando, el mismo que toma notas mirando al Hudson, porque espera sentarse un día a escribir un libro dedicado exclusivamente a este río…”
“…quien lleva siempre a cuestas una mochila para transportar los libros que lee en el metro, pero también porque sueña con encontrar alguna rareza en los parques…”
" El Smoke es ese club de jazz que Antonio siempre soñó tener en el mismo barrio en el que viviera..."

Ni qué decir tiene que a mí sin conocerle en absoluto me caía fenomenal, con la mala conciencia de haberme aproximado a su obra de puntillas. Pero el otro día, entré en Abacus y me llamó poderosísimamente la atención la portada de un libro: en ella destacaban los rasgos afilados y picudos de las mayúsculas de los apellidos, justo como los dientes de un depredador. Estaban situadas sobre un fondo rojo sangre exactamente por encima de un ojo sin pupila que había sido sustituída por una luna verdosa y sombría.
Y yo, que no juzgo a nadie por el exterior, pero que sí que me dejo atrapar por un buen diseño de carátula o de portada, me metí a “Plenilunio” en el bolsillo y me ha dejado eclipsada totalmente. Por el ascazo que me ha provocado el asesino, por los sentimientos gemelares de Susana Grey hacia su ciudad, por la profundidad de ciertos procesos mentales y por el interesante movimiento de la novela que, como el satélite, rota y se traslada a la vez, ahondando poco a poco en los detalles de lo sucedido y haciendo avanzar la historia al mismo tiempo.
En fin, que tengo a Sefarad, y al jinete arañando y pifiando en mi puerta.
Visitar su web en pleno verano resulta refrescante y enriquecedor (http://antoniomuñozmolina.es ). Me gustan desde las imágenes de su álbum profesional y familiar, hasta el blog de los lectores en el que aprieto el ánimo para escribir dos líneas...


¿Estos dos no me adoptarán?